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A lo lago de la historia la sexualidad se ha visto reducida a unos cuantos aspectos:
- A una parte del cuerpo: los genitales.
- A una finalidad: la reproducción.
- A una edad: la vida adulta.
- A una orientación sexual: la heterosexualidad.
- A la legalidad: el matrimonio.
Los cambios sociales no han afectado mucho a la concepción de la sexualidad; han cambiado cosas, pero con matices: ello repercute en la necesidad de una adecuada y urgente educación sexual en las escuelas.
Y en relación a la misma existen muchos mitos y creencias falsas:
- Los/as niños/as y los/as jóvenes no tienen sexualidad.
- La información sexual incita a que los/as jóvenes tengan relaciones sexuales. - La sexualidad es algo sagrado, y como tal la naturaleza es la que enseña cómo actuar, cada cosa a su tiempo. Por ello no hace falta educar. - Si a los/as jóvenes se les habla de algunas conductas sexuales, van a querer probarlo todo.
- Si a los/as jóvenes se les habla de algo relacionado con su sexualidad, que sea para que tengan miedo y cuidado con las enfermedades, el SIDA o los embarazos.
En los años 70 y 80, la mayoría de los organismos internacionales se pronuncian a favor de la educación sexual; concretamente la Organización Mundial de la Salud ( OMS) a partir de 1974 aconseja que se trabaje la sexualidad humana no sólo desde la prevención de enfermedades o de embarazos, sino también desde el campo de la salud sexual y como parte del desarrollo de la personalidad.
Hablar de la sexualidad es importante no sólo porque es algo natural y que tiene que ver con las personas, sino también porque es algo cultural, y ello quiere decir que el aprendizaje es necesario, al igual que la información.
En nuestro país, la educación sexual en las escuelas no se ha introducido hasta la implantación de la LOGSE, hace unos años. Se incluye este tema, junto con otros, como eje transversal en los Diseños Curriculares de Base. Ello quiere decir que la educación sexual se establece como un tema socialmente relevante y que hay que trabajar desde todas las materias y en todas las etapas, como una manera de educar en la igualdad, en la tolerancia, en la salud, en la responsabilidad… y no sólo en la transmisión de conocimientos en el ámbito biológico y/o reproductivo.
A veces, sólo se habla de los peligros, mandando mensajes aterradores y alarmistas: el VIH/SIDA, los embarazos no deseados, las enfermedades de transmisión sexual (temas muy importantes y que indudablemente no hay que obviar).
Pero, no se habla del placer, ni de cómo cambia el cuerpo ante la excitación sexual, ni de la afectividad, ni de cómo expresar sentimientos, ni de la masturbación, ni de del cuerpo de mujeres y de hombres como una globalidad…
Normalmente, los programas los imparte personal especializado ajenos al centro; otras veces, y en algunos centros se pide autorización a los padres y madres para que sus hijos/as acudan a las clases de educación sexual.
Poco a poco todo esto va cambiando: se comienza a hablar de educación afectivo-sexual, y se va implicando a madres, padres y profesores/as. Estos programas cada vez ocupan un lugar más importante en los centros educativos.
Pero cuando hablamos de educación sexual no nos referimos únicamente a la que se imparte en los centros educativos: de manera formal, programada e intencionada.
De hecho, chicos y chicas suelen recibir información relativa a la sexualidad de los/as amigos/as , de la TV, de las revistas o en la familia. O bien por el contrario, de lo que nunca se cuenta, dijeron, o dejaron ver. Sería la llamada educación no formal, espontánea, o accidental, una educación no programada, al igual que también lo es la educación en el silencio, o la ausencia de información. También se educa por medio de gestos, actitudes y creencias.
Amigos y amigas:
Son los/as primeros/as informadores/as en temas sexuales. Hay muchas personas que sólo disponen de esta única fuente de información.
Se ha constatado que es tal la influencia que tiene el grupo de iguales en la adquisición de información, de comportamientos o de actitudes en el ámbito de la salud, que actualmente muchos programas educativos, se basan en esta metodología de educación entre iguales. Así al menos nos aseguramos que la información les llega a muchos/as jóvenes a través de personas cercanas, significativas y con credibilidad.
Padres, madres:
Lo deseable sería que los padres y las madres constituyeran la fuente básica de información; pero la realidad es que hay problemas de comunicación en estos temas entre padres/madres- hijos/as:
- Muchos/as no reconocen la sexualidad de sus hijos/as, piensan que son asexuados/as.
- Otros/as la reprimen, incitando a la culpa o la vergüenza.
- Otros/as no se sienten capacitados/as para dar esa información, no tienen la suficiente preparación, ni recursos, ni habilidades.
Es fundamental fomentar y potenciar la comunicación padres/madres-hijos/as, buscar espacios y lugares de encuentro en los que poder debatir y reflexionar sobre estos temas.
Educadores/as:
La información que los /as jóvenes reciben en casa debería estar en concordancia con la que se recibe en la escuela, por ello existen los programas integrados de educación sexual.
Hay profesores/as que se niegan a enseñar estos contenidos, otros/as que no se sienten preparados/as para hablar de esos temas con sus alumnos/as, otros/as que prefieren que sea una persona experta y ajena al centro la que se encargue de los programas, algunos/as se atreven pero se ciñen a la parte biológica, o desde lo moral, incitando al miedo …
Los libros de textos tampoco son muy explícitos con el tema de la sexualidad, excepto, una vez más, con el aspecto reproductivo y biológico.
Cada vez más educadores/as recurren a las guías didácticas, materiales curriculares que trabajan desde la construcción del conocimiento.
Medios de comunicación:
Radio, TV, cine, revistas de todo tipo…son algunos de los medios más potentes para llegar a niños/as y jóvenes; la pena es que podrían tener un gran poder educativo en vez de “ de-formativo ” e incluso informativo.
En muchos programas tele-basura es muy común hablar de sexo de una manera totalmente deshumanizada y banal: es una manera de vender el sexo.
A través de los medios de comunicación existe un bombardeo de consumismo, y el sexo es un producto de consumo más, que se asocia con la juventud y la belleza.
Lo triste es que 5 minutos de mensajes en “programas basura” les llega más a los/as as jóvenes que un programa de educativo de horas o que una charla informativa.
Habría que reivindicar una televisión educativa, en la que de verdad se educara en sexualidad.
Profesionales:
Cada vez hay más personal especializado en temas sexuales: psicólogos/as, pedagogos/as, sexólogos/as, médicos/as…, y cada vez hay más recursos para que los/as jóvenes puedan acceder al sistema de asistencia y de planificación familiar (actualmente, en Andalucía existe el Programa FORMA JOVEN: equipos de profesionales de la salud y de la educación que forman asesorías para jóvenes en los Centros Educativos sobre temas de salud).
Todo este circuito va dando mensajes que los/as jóvenes captan y que se materializan en actitudes que repercuten en la vida de las personas.
¿Que son las actitudes? :
Son predisposiciones a valorar algo (objeto o persona) de manera favorable o desfavorable, y que hacen que las personas actúan de una determinada manera (positiva o negativa).
Se forman como resultado de las propias experiencias a lo largo de la vida y pueden cambiar con el tiempo.
Una actitud está compuesta de tres componentes: pienso, siento y actúo .
- Componente cognitivo: ¿Qué información y conocimientos tengo sobre la sexualidad? ¿Y qué creencias?
- Componente afectivo: ¿Qué siento ante determinada conductas sexuales o hacia la sexualidad en general?
- Componente conductual: ¿Cómo actúo? ¿Qué hago ante lo que pienso y lo que siento?
Estos componentes tienen que estar relacionados entre sí, tiene que haber congruencia entre los tres. Cuanto más firme sea la estructura más difícil será el cambio de la misma, pero en la medida que se cambie alguno de los componentes, el cambio de actitud será más posible.
Cualquier cambio en alguno de los componentes, puede provocar un desequilibro que hace que se puedan realizar nuevas reestructuraciones; este se puede producir al introducir un elemento nuevo: información, experiencias afectivas, nuevos modelos de comportamientos o desarrollo de habilidades.
La importancia de conocer la estructura de las mismas se debe a que desde la educación sexual debemos promover cambios de actitudes en las personas. Generalmente se entiende la educación sexual como una mera transmisión de información. Esta es necesaria, pero por sí sola no es suficiente, pues supondría trabajar únicamente con el nivel cognitivo, cuando lo conveniente es trabajar con los tres.
Desde el punto de vista educativo, la metodología con la que podemos llegar a los/as jóvenes y trabajar con ellos/as, tiene que ir más allá de la transmisión teórica y ya elaborada de conocimientos. Desde las dinámicas de grupo, los juegos, los debates, las reflexiones grupales, que confronten lo que se piensa y lo que se siente, para contribuir así a la construcción del conocimiento.
Aparte, no hay un recetario de técnicas para trabajar la educación sexual. Hay que ir construyendo el conocimiento con los/as jóvenes, partiendo de sus ideas previas: “qué sé y qué quiero saber “. Está claro que no es muy útil transmitir la información totalmente elaborada.
Hay que transmitir actitudes positivas, responsables y tolerantes, y evitar los siguientes aspectos:
- No reducir la información a los aspectos biológicos. ¿Y los sentimientos?, ¿Y el placer?
- No limitar la demanda informativa sobre algún tema concreto: hablar de los temas que a los/as jóvenes les preocupan de la manera más clara posible, y con un lenguaje comprensible.
- No poner énfasis en las consecuencias negativas de cualquier comportamiento sexual; no hay que incitar al miedo, pues estaríamos contribuyendo que las personas se sientan inseguras o se bloqueen. Establecer relaciones basadas en la responsabilidad y en el respeto mutuo.
- No imponer las propias ideas. Hay que intentar que sean los/as propios/as jóvenes los/as que vayan creando sus ideas y maneras de pensar, es decir, formar a personas libres y criticas, con capacidad para decidir y para reflexionar.
EN DEFINITIVA.
Deberíamos promover una educación basada en los valores, en el respeto, una verdadera educación sentimental. Es muy fácil caer en la utilización de la sexualidad de una manera mecánica, destructiva, irresponsable o consumista.
Quizá sobre los/as jóvenes se haga demasiada presión (fundamentalmente desde los medios de comunicación) para que tengan relaciones sexuales prematuras, hay un exceso de películas y revistas pornográficas… . Pero lo cierto es que se reciben mensajes contradictorios, porque desde el sistema familiar, sanitario, educativo, se les niega la sexualidad: no se dan las óptimas condiciones para que vivan sin riesgo, sin culpa, sin vergüenza, y de manera sana su sexualidad.
En nuestro país, en los últimos años se han producido una serie de cambios muy rápidos. Hemos pasado de la absoluta represión al “ todo o casi todo vale “.
Se ha producido un cambio de valores, pero... ¿de qué hablamos?... ¿ de revolución sexual? O ¿ humanización de la sexualidad? : la sexualidad está totalmente deshumanizada y maltratada, y por supuesto es una perfecta desconocida. Ya va siendo hora que vayamos educando en el respeto, hacia los/as demás y sus sentimientos, hacia la diversidad o hacia lo distinto.
La sexualidad puede llegar a ser algo maravilloso, pero siempre que sea satisfactoria y que se sienta como algo bueno o agradable, pues nadie, absolutamente nadie puede obligar a nadie a hacer algo que realmente no desea. Hay que enseñar a decir y a expresar lo que gusta y lo que no gusta; la relación sexual es cosa de dos.
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