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AUTORA: María Luisa Corujo Simal. Alumna Master en Sexología Clínica y de la Salud. Promoción II ( 2002-2005).
LA VEJEZ
La pregunta ¿Qué es un viejo? o ¿Cuando una persona se considera vieja? no tiene todavía una respuesta que pueda aceptarse de manera mayoritaria, a tenor de que es la sociedad, la que tiende a atribuir unas características particulares a esa etapa de la vida, como hace para otros momentos evolutivos (infancia, pubertad...) y esas atribuciones, a menudo, se han hecho en base a criterios variopintos y hasta arbitrarios.
Viejos, dice Frida Saal, son siempre los otros y el límite se va corriendo a medida que los años nos atrapan. La vejez es esa categoría evanescente que tiene por característica el hecho de que nunca nos incluye, es la categoría de la que somos excepción. Por tanto, la vejez está regulada socialmente por criterios y valores que en no pocas ocasiones son discutibles y, no siempre, se corresponden con los conocimientos científicos disponibles, respecto a los diferentes procesos de envejecimiento. Como ha señalado Walter G. son construcciones culturales de cada sociedad que indican que es el viejo y que se espera de él. Los viejos moldeados por el imaginario social, asumen el mandato y lo reproducen reforzando las representaciones sociales sobre la vejez. Además esta regulación es variable de cultura a cultura, de sociedad a sociedad e, incluso, en el mismo momento histórico puede haber diferencias extraordinarias de un país a otro. Un ejemplo que nos da una idea de la diversidad, es el hecho de que los viejos tienen una valoración diferente en función del momento histórico o de la sociedad en la que viven.
Diferentes estudios antropológicos, ponen en evidencia una consideración extraordinaria de la vejez en determinada sociedades, frente a otras en las que les conceden un escaso valor.
Por otra parte y frente a la idea de deterioro irreversible, los conocimientos científicos disponibles, nos presentan una visión bien distinta: La vejez es una etapa más de la vida, en la que la variabilidad personal es extraordinaria y en la que cada capacidad puede presentar muy diferentes posibilidades.
Un error importante ha sido la confusión entre envejecimiento con enfermedad.
En sentido estricto los procesos de envejecimiento pueden comenzar en la década de los 30, si bien aquí las variaciones son enormes y las diferencias entre hombres y mujeres, así como en la percepción social de esos procesos, son destacadas. Por ejemplo la sociedad tiende a ser más tolerante y comprensiva con los varones que con las mujeres, ante los primeros síntomas de ese proceso en la figura corporal ( arrugas, canas...), incluso viéndolo como algo más valioso en aquellos.
Hay otras muchas diferencias entre hombres y mujeres como el modo de percibir los momentos críticos en la toma de conciencia de la vejez: Por ejemplo, parece que el hecho de que los hijos se independicen y abandonen la casa, es un momento clave para muchas mujeres y que, la jubilación, lo es para muchos hombres.
De todas maneras, consideramos que el modo con el que se viven los procesos de envejecimiento, va a depender en buena medida de la percepción de cada cual. Es frecuente, por ejemplo, oír que “más que ser viejo lo importante es sentirse o no viejo” o “hay gente que siendo joven se siente viejo, y viejos que se sienten jóvenes”. Y, desde el punto de vista de la salud, este tipo de actitudes se puede aprender y trabajar educativamente.
SEXUALIDAD EN LOS MAYORES
Al abordar la temática de la sexualidad en los mayores, nos enfrentamos con el inconveniente de que ahondar en las particularidades de la vejez, suele resultar tarea agobiante no sólo por la falta de información y datos investigados hasta el momento, también porque la problemática de esta etapa es generalmente abordada desde sus caracteres negativos, sin valorizar, ni considerar las ganancias y riquezas que alcanzar dicha etapa trae a la pareja.
Durante siglos se relacionó la sexualidad con la reproducción, negándole de esta manera el disfrute de la sexualidad al anciano; muchas personas particularmente jóvenes, siguen viendo la actividad sexual como una facultad que se va desgastando hasta perder todo interés en aquellos que han superado los sesenta años, se supone que el deseo siempre se desvanece con la edad. Esta etapa de la vida es valorada por muchos como ausente de manifestaciones sexuales.
En general suele decirse que las personas no cambian mucho, sino que envejecen. En consecuencia los individuos que mostraban poca inclinación hacia el sexo en su juventud tienden abandonar este tipo de actividad y ocultarse bajo la protección de la edad. Aquellos con intereses sexuales activos continuarán siendo activos con las limitaciones impuesta por la capacidad física, pero seguirán jóvenes aún con edad avanzada.
La valoración de la actividad sexual en los mayores ( estamos hablando de ambos sexos) tiene que incluir un enfoque múltiple, pues más que una afectación intrínseca de la sexualidad lo que existe es una acumulación de factores ( enfermedades cardio- vasculares, daño en los vasos sanguíneos del área genital, cáncer o enfermedades debilitantes, problemas psíquicos, ingestión de medicamentos y de alcohol así como influencias y hábitos previos) que influyen de forma negativa sobre la actividad sexual y no exactamente la edad.
La actividad sexual en esta etapa depende, también de las características físicas psicológicas y biográficas del individuo, de la existencia de una pareja y de sus características, así como del contexto sociocultural en que esta inmerso. La realidad es que el envejecimiento produce ciertos cambios en la fisiología sexual, pero comparado con otros cambios propios de la edad como el ajuste ocular o la capacidad vital, estos cambios son muy pequeños, la función sexual, vista desde el ángulo del acto sexual, no de la reproducción, se mantiene mucho mejor que otras funciones.
Se había considerado que a partir de cierta edad todas las capacidades se deterioran. Un ejemplo lo tenemos en la menopausia que para muchos marcaba el final del goce sexual femenino; no debemos olvidar que este es el clima en que fueron educadas las mujeres mayores de hoy en día y aunque el cambio es lento y progresivo, se debe aceptar que la sexualidad de los mayores sólo responde al puro deseo de sentir placer, de gozar, de abrazarse a otro cuerpo, de amar.
En estas personas la actividad sexual, no es entendida necesariamente como actividad orientada al coito, sino, en un sentido mucho más amplio; se trata del placer del contacto corporal global y la comunicación, así como la seguridad emocional que da el sentirse querido.
Desde el punto de vista fisiológico, el envejecimiento sexual sigue un proceso lento, muy variable de unas personas a otras, si comparamos el acto sexual de la juventud y de la vejez la diferencia fundamental es que en esta ultima etapa de la vida cobra más fuerza la cercanía y la intimidad corporal. Podemos entender el sexo como una parte de la personalidad total, algo que aparece en los seres humanos y se mantiene hasta la vejez. Así pues, es amplio el concepto desarrollado y extendido a lo largo de la vida, que no desaparece por ley en ningún momento de esta, cambia, oscila en su presentación a lo largo del desarrollo vital, tanto por consecuencia de factores psicológicos o sociales como biológicos.
Los estudios realizados en poblaciones mayores de 65 años de numerosos países demuestran que después de esa edad se mantiene la actividad sexual en un gran número de casos. Helleger y Mortensen señalan en su trabajo que incluso a los 95 años alrededor de un 40% de las personas estaba interesado en el sexo y alrededor de un 25% mantenían actividad masturbatoria. Brecher encontró en un estudio realizado en1984 que en un grupo de mayores de 70 años, el 81% de los casados se mantenían sexualmente activos y la utilización de la masturbación como sustituto del coito se calculó en 22% de los casos.
En Cuba han realizado recientemente un estudio en el cual se entrevistaron al 100% de la población mayor de 65 años dentro del municipio de la Habana y se constató que el 22-% mantienen actual-mente relaciones sexuales. Se encontró también que de los ancianos que actualmente no mantienen relaciones sexuales, 22% conservaron esa práctica después de los 65años.
Todos estos datos indican claramente que en la tercera edad, hablar de estos aspectos de la sexualidad, no es como algunas personas piensan: "una utopía".
¿QUÉ SABEMOS DE LA ACTIVIDAD SEXUAL DE LOS MAYORES?
En 1948 se publicó el primer estudio sobre las relaciones sexuales en los mayores. Kinsey fue uno de los primeros en documentar la existencia de un gradual declive en la actividad y el interés sexual en el envejecimiento. Esta disminución de la función sexual se constató tanto en los hombres como en las mujeres. Posteriormente a este estudio se han publicado otros muchos que con pequeñas variaciones mantienen los mismos resultados. En general en todas las investigaciones aparece como más severo el descenso en las relaciones sexuales en la mujer.
Una posible explicación a esta diferencia estaría en que la mayoría de estudios que conocemos utilizan como definición de actividad sexual exclusivamente el coito, y en edades avanzadas se produce en la población un desequilibrio numérico a favor de las mujeres. De hecho, prácticamente dos terceras partes de la población anciana son mujeres, por lo que en muchos casos la ausencia de actividad sexual (tal y como la entienden dichos informes) podría tener que ver con la falta de pareja.
Kaiser en 1996 realiza una revisión de los diferentes trabajos realizados y publicados hasta el momento sobre este tema. Destaca, entre ellos, el estudio llevado a cabo por Pfeiffer, que afirma que el 95% de hombres con edades comprendidas entre los 45 y 50 años mantenían relaciones sexuales semanalmente, cayendo este porcentaje a 28% en los varones de 66 a 71 años. En el caso de personas casadas, el 53% de los sujetos mayores de 60 años y el 24% mayores de 76 años eran sexualmente activos.
Otro trabajo realizado por Bretschneider indicaba que el 63% de los hombres y el 30% de las mujeres entre 80 y 100 años eran activos sexualmente. En este estudio se reseñaba que la actividad sexual más frecuente eran las caricias y tocamiento seguido del coito. El 74% de los hombres y el 42% de las mujeres practicaban la masturbación. Las mujeres activas sexualmente tendían a haber tenido más parejas sexuales y mayor nivel de actividad en su juventud, dato que posteriormente se confirmo también en los hombres.
Nieto, realizó un estudio en el que se encuestó a 110 sujetos españoles, mayores de 65 años, 658 mujeres y 452 hombres, en los resultados obtenidos aparece también la estrecha relación entre la actividad sexual mantenida en la vejez y la sexualidad ejercida durante la juventud.
A la hora de estudiar las relaciones sexuales en la personas mayores, Bretschneider describe como variables que pueden influir limitando la actividad sexual, a la capacidad de la pareja, el estado de salud, problemas de impotencia en el hombre, o dispareunia en la mujer, así como el interés sexual en la juventud.
Destacaron como otros predictores importantes, la toma de medicación y variables ambientales, como la pérdida de privacidad, por ejemplo, el vivir en una residencia o en casa de los hijos que supone una falta de intimidad, que llevará a un detrimento en sus relaciones sexuales.
Person llevó a cabo un estudio con una muestra de individuos de 70 años, esta investigación dio como resultado que las variables más importantes asociadas con la actividad sexual eran el estado de salud, una actitud positiva hacia las relaciones sexuales y una historia de relaciones frecuentes durante la juventud.
Schiavi y Rehman en 1995 realizaron un estudio en hombres de entre 45 y 74 años con relaciones sexuales estables. Los datos obtenidos muestran que la edad correlaciona significativamente y de forma negativa con el deseo sexual y con la actividad sexual, pero no así con el grado de satisfacción obtenido en las relaciones sexuales. Los autores encontraron también un aumento de las disfunciones sexuales fundamentalmente alteraciones en la erección y de la eyaculación en los individuos de edad avanzada, con respecto a los más jóvenes. El hecho de que estos individuos sanos mantuvieran la satisfacción sexual, lleva de nuevo a recalcar la importancia de los factores psicológicos y relacionales en la actividad y deseo sexual y no sólo la de los cambios anatómicos y fisiológicos producidos por el envejecimiento.
En resumen, se podría decir que (teniendo en cuenta todas estas investigaciones) si hay una disminución en la frecuencia de las conductas sexuales, que afecta también al interés sexual y que se produce un aumento de las disfunciones sexuales asociado con la edad. Pero hay diferencias individuales importantes en las que parece influir entre otros factores, las características de las relaciones sexuales desarrolladas en la juventud, el estado de salud, los medicamentos, la existencia de alteraciones psicopatológicas, así como variables psicosociales que incluyen la existencia de pareja estable y la calidad de la relación, el funcionamiento social y el nivel educacional.
CAMBIOS FISIOLÓGICOS
Los cambios biológicos que tienen lugar a lo largo del proceso de envejecimiento no son agudos o abruptos, sino que se van produciendo gradualmente. (Butler, 1988) Por tanto, hablar de una determinada edad como inicio o limite para la vejez, no tiene mucho sentido desde este punto de vista.
Podrían establecerse algunas diferencias entre hombres y mujeres en este ámbito en los varones las modificaciones tienen lugar de una manera más lenta y gradual que en las mujeres, en las que la tendencia es a una presentación algo diferente, centrada en torno a la menopausia, es decir la cesación de la regla y del ciclo menstrual aunque, como ha señalado Flórez (1992), es mucho antes, hacia los 30-35 años aproximadamente, cuando puede observarse un declive de la capacidad femenina de reproducción y cambios en su fisiología.
Las modificaciones femeninas son, probablemente, más conocidas y tienen un soporte terapéutico más ensayado, circunstancias éstas que no se producen en el varón.
Como es sabido una de las diferencias relevantes entre hombres y mujeres es la relativa a la reproducción: las mujeres cesan en esta capacidad al llegar la menopausia, mientras que en el varón la capacidad reproductora puede durar toda la vida. Álvarez (1990) ha señalado que a la mujer le afecta más en el ámbito de la reproducción, mientras que al varón parece ser más sensible a la “ producción” en el sentido, de quedar bien, cumplir.... en el plano sexual CAMBIOS FISIOLÓGICOS EL HOMBRE
Si bien para referirse a esta etapa en el varón se habla de andropausia, síndrome climatérico masculino... (términos que todavía no concitan acuerdos), no hay efectos psicofisicológicos tan claros como en la mujer.
Se aceptan determinados cambios hormonales, aunque lo relevante parece estar en los estados emocionales y psicológicos (ansiedad, depresión…).
En el varón como se ha advertido los procesos de envejecimiento no se inician en un momento concreto. Los cambios van progresivamente teniendo lugar a partir de la década de los 30-40 años. Lo que suele denominarse andropausia, vendría a ser una etapa más determinada por factores psicosociales, aunque también hay cambios corporales. La “menopausia masculina” decía Sheeney es un mundo plagado de secretos, vergüenza y resignación. Estos secretos hacen referencia a la dificultad de aceptar el envejecimiento, las arrugas, la barriga, agotamiento físico o la calvicie, pero también la idea de haber fracasado, de haber vivido en vano, de darse cuenta de la cortedad de la vida y de la cercanía de la muerte. Una sensación de vértigo sobre el paso de la vida, de desmoronamiento vital. Parece que en los hombres tiene una mayor trascendencia el hecho de que, a estas edades, se tienda a hacer una especie de balance sobre lo vivido. Con frecuencia, en este balance puede pesar en exceso una cierta frustración, porque ya no se puede deshacer el camino andado, lo que se ha vivido. A menudo algunas personas son muy autoexigentes, con lo que la frustración se incrementa.
Podemos señalar como cambios más significativos en esta etapa:
* Los espermatozoides disminuyen su capacidad de movimiento dentro del semen, que también disminuye en número y calidad, de forma paulatina a partir de los 40 años. Sin embargo más del 50% de los varones de 70 años tiene una abundante espermatogénesis, suficiente para poder mantener una buena capacidad genética.
* En la producción de semen intervienen tres estructuras que también sufren algunas modificaciones:
* Las vesículas seminales muestran cambios estructurales, entre los que se incluyen lo que se conoce como degeneración amiloidea y la sustitución de sus fibras musculares por tejido conectivo. El liquido seminal normal es muy rico en fructuosa, fuente de energía que favorece la movilidad y el ascenso de los espermatozoides. Se pierde también parte de esa riqueza energética.
* La próstata se hace más dura y muestra de forma progresiva cambios degenerativos, cada vez más extensos. Las células glandulares inician su atrofia en torno a los 40-50 años, a los 60 años toda la próstata glandular muestra una deficiencia funcional, y cuando se superan los 65 años, es posible percibir masas duras en un numero cada vez mayor de sacos glandulares.
* Las glándulas de Cowper, cuya función es producir un líquido alcalino, escaso en su cuantía, pero con la función de neutralizar los restos ácidos urinarios de la uretra distal, apenas producen líquido en los ancianos de edad avanzada.
Cabe decir que con la edad, el líquido seminal se va haciendo más escaso progresivamente, y también más pobre en sus cualidades funcionales.
Cambios en el comportamiento y en la respuesta sexual:
- Más tiempo para logra la erección ( el hombre joven necesita con promedio de 15 a 30 segundos y la persona mayor puede necesitar hasta 10 min.) - Demora más el tiempo en eyacular, lo cual prolongará más el coito.
- La erección del hombre de más de 50 años es menos firme debido a que los vasos sanguíneos no son tan elásticos como antes y los músculos son menos potentes, lo que disminuye la intensidad de erección pero nunca en condiciones de salud le hará perder totalmente la capacidad de un contacto sexual normal.
- Disminución del eyaculado en cuanto a su volumen y la fuerza con que es expulsado debido a una menor potencia de los músculos eyaculadores y, por lo tanto, de sus contracciones durante el orgasmo. Este factor es muy poco importante, pues pocas veces los miembros de la pareja se percatan de este detalle.
- El periodo de detumescencia del pene, o perdida de la erección después de la eyaculación, se produce con más rapidez, y el tiempo necesario para logra la próxima erección (periodo refractario) se prolonga.
- Erección puede disminuir, perderse o recuperarse en una o múltiple ocasiones durante el acto sexual prolongado y en ocasiones el pene no alcanza una completa ingurgitación hasta momentos antes de la eyaculación. Esto depende también de la intensidad de los estímulos sexuales.
- Un elemento funcional que debe tener en cuenta es que las erecciones nocturnas, que en todo hombre se presenta durante las fases de sueño acompañado de movimientos oculares rápidos (fase MOR) sobre todo antes de despertarse, son menos frecuentes e intensa según avanza la edad. Este hecho no es notado por muchos hombres aún en su juventud, por lo que su disminución en la madurez no se refiere con frecuencia.
- A estas edades, puede perderse la llamada fase de inevitabilidad eyaculatoria. Esta fase procede en unos escasos segundos a la eyaculación y en ella el hombre se hace conciente de que va a eyacular y no lo puede evitar o controlar. El sujeto puede eyacular sin este aviso, que es producto de la contracción de la musculatura de las vías seminales, pero experimenta la segunda fase del orgasmo sin dificultad.
- Después de los 60 años se puede eyacular en uno o dos de cada tres coitos y esto no ser causa de insatisfacción.
- Las necesidades de contacto sexual en hombres mayores de 60 años de edad puede limitarse a una o dos veces por semana y ser suficiente para su bienestar.
- En el hombre mayor de 50 años disminuye la elevación de los testículos dentro del saco escrotal antes de la eyaculación, por la acción de los músculos crémateríanos.
Dentro de todos esto cambios, los relacionados con la capacidad de erección, frecuencia de coito y duración del periodo refractario son los que suelen tener más importancia fisiológica para el hombre, sobre todo, si ha interiorizado el modelo de sexualidad joven y masculina dominante, en el cual coitar y hacerlo frecuentemente es uno de los valores más destacados. Por ello, es especialmente importante que los varones adquieran una visión de la sexualidad distinta, libre de exigencias coitales, mucho más focalizada en el placer y la comunicación.
CAMBIOS FISIOLÓGICOS EN LA MUJER
El climaterio se considera una etapa natural que incluye la menopausia como aspecto central. Se inicia con los primeros cambios hormonales y sus efectos (ciclos anovulatorios, desarreglos menstruales…etc.). La menopausia es la desaparición definitiva de la menstruación como consecuencia del agotamiento folicular y, consecuentemente, la perdida de la actividad en el ovario. Se estima que tan solo el 20% de las mujeres tendrán problemas en el climaterio. (Jiménez, P. y col, 2003) Este proceso no ocurre bruscamente, sino a lo largo de un periodo variable de mujer a mujer, caracterizado por desarreglos menstruales. La menopausia se confirma al cabo de 1 año sin menstruación. Según la OMS la menopausia suele ocurrir en torno a los 50 años, con un intervalo de +/- 5 años, distinguiendo: premenopausia, perimenopausia, menopausia, postmenopausia establecida. Otros autores (Calaf y col. 1999) distinguen entre menopausia natural, artificial, precoz y tardía. En la mujer, el climaterio incluye modificaciones sustanciales en el funcionamiento hormonal y cambios funcionales importantes en los órganos y estructuras intervinientes en la reproducción. Otros procesos como, la redistribución de la grasa, la disminución de la fuerza muscular, la modificación en la distribución del vello, y los cambios osteoarticulares, que favorecen la tendencia a padecer osteoporosis, son algunas modificaciones que van a influir en la actividad sexual. También son más evidentes los cambios, relativos a los caracteres sexuales secundarios y de forma específica a las mamas, cuyo tejido glandular es sustituido por tejido graso y cuya piel pierde elasticidad, en grado suficiente como para deformar de manera importante su posición en el tórax.
En el aparato genital, los cambios más significativos son:
· Los labios mayores y menores pierden elasticidad y se muestran atrofias progresivas de su capa dérmicas y epidérmicas, lo mismo que el resto de la vulva.
· La vagina con su deprivación estrogénica, tiene menos capacidad para su fluidificación, lo que a su vez facilita infecciones locales. Su mucosa se hace más fina y seca, además pierde longitud, se hace más estrecha y menos elástica y reduce su capacidad de distensión.
· El clítoris tiene mayor dificultad para la erección. Las consecuencias para la mujer son la percepción de sequedad y picor en vagina y labios, así como dolor durante la penetración. Desde el punto de vista endocrino metabólico, los cambios más importantes que ocurren por el cese de producción de estrógenos, provocan una serie de cambios fisiológicos:
· No se observa al principio del coito los cambios tópicos en los labios mayores como: aplanamiento, separación y elevación y es menor la vaso dilatación de los labios menores. Lo primero se debe a la disminución del tejido adiposo y elástico de esa zona.
· El aumento de las mamas es menos intenso y se vuelven menos firmes y más planas.
· Debilitamiento de las musculatura vaginal y de la zona perineal, por lo que existe menor contracción de la vagina durante la fase de plataforma orgásmica.
· Menor la elevación uterina.
· Las contracciones uterinas del orgasmo se hacen más débiles y en ocasiones dolorosas por ser más espásticas que rítmicas. Sin embargo estos procesos no eliminan el orgasmo ni suprimen la sensación de placer y por lo tanto el avance de los años no pone un limite preciso a la sexualidad femenina. Es necesario insistir en que estos cambios se dan en distintos grados y aparecen en tiempo claramente diferente dependiendo de otro tipo de factores asociados.
· Disminución del vello axilar y púbico.
Con todos estos cambios, aproximadamente un 50% de las mujeres de nuestro entorno refieren un deterioro de su sexualidad, que afecta a todas las fases de la respuesta sexual humana, con reducción del deseo sexual y frecuencia de coito, así como la reducción en la consecución del orgasmo.
La causa de este deterioro es múltiple, siendo de máxima importancia el dolor coital percibido por la mujer que sufre vaginitis atrófica y la existencia de otros factores , como el influjo directo del déficit de hormonas sexuales sobre la libido, así como factores iatrogénicos ( fármacos, cirugía..) y psicosociales.
No obstante también se sabe que un 25% de mujeres refieren mejoría de la actividad sexual, pudiendo guardar relación tanto con la desaparición del miedo al embarazo no deseado, como a los cambios de la respuesta sexual humana del varón que conllevan una menor urgencia eyaculatoria, que puede facilitar la satisfacción de la mujer durante la actividad sexual.
Desde esta perspectiva cabría afirmar que la vejez se puede preparar y, consiguientemente, la actividad sexual en la vejez va a estar condicionada también por las vivencias sexuales anteriores.
También hay un cierto acuerdo al considerar la importancia de que, la mujer, acepte positivamente los cambios, se adapte a ellos y trate de buscar nuevos recursos que enriquezcan su vida sexual, por ejemplo, cambios concretos en la actividad sexual (lugar, posiciones..) o en técnicas concretas ( pomadas, cremas, estimulaciones…etc.).
La aceptación de la propia figura corporal y la autoestima, probablemente, sean elementos fundamentales en este proceso de adaptación.
Entre otros, los autocuidados específicos en la atrofia genital en esta etapa serían, según Jiménez P. (2003):
· ejercicios de Kegel. · relaciones sexuales. · masajes eróticos. · lubricantes externo antes del coito. · micción e higiene tras el coito. · higiene genital con jabones neutros. · ropa interior de algodón. · ingesta abundante de agua (2 litros día). · ejercicio físico.
De todas formas se cree que si estos cambios son conocidos por la pareja (y en caso de algún tipo de problemas son asesorados correctamente por su médico o sexólogo) no tiene por qué existir una disminución o una limitación en su actividad sexual y disfrute de ésta; sino es así los efectos sobre la salud psíquica y sobre la sexualidad pueden ser devastadores.
CAMBIOS PSICOLÓGICOS
La psicología ha pasado de considerar la vejez como un periodo de involución y Y deterioro general, a una etapa de la vida en la que la capacidad humana evoluciona de manera diferente. Desde el punto de vista psicosocial, los procesos de envejecimiento empiezan en edades y bajo formas muy variables dependiendo del sexo, circunstancias sociales y personalidad de cada uno.
Las mujeres empiezan a tomar conciencia de los procesos de envejecimiento a partir de los 35 o 45 años coincidiendo con los primeros signos de envejecimiento corporal (cambios premenopáusicos y la menopausia). También, y desde el punto de vista social toman conciencia cuando los hijos se hacen mayores de edad y se independizan (síndrome del nido vacío).
En los hombres las marcas fisiológicas y sociales no son tan claras hasta la jubilación.
En ambos casos, los grandes campos sobre los que se produce la toma de conciencia de los procesos de envejecimiento son los cambios en la figura corporal y las capacidades funcionales, los cambios en el sistema familiar, la duración y vulnerabilidad de la vida y la valoración o balance de la propia vida.
Vamos a analizar cada uno de estos campos:
LA FIGURA CORPORAL
A la figura corporal se le da en la actualidad una excesiva importancia, sólo basta analizar los contenidos de la publicidad de numerosos productos que intentan a toda costa que las personas hagan todo lo posible para seguir pareciendo jóvenes.
A partir de los 35- 45 años se van produciendo cambios a nivel físico en nuestro cuerpo como las canas, las arrugas, pérdida de la masa muscular…; cambios propios del proceso vital y que pueden convertirse en una amenaza terrible para algunas personas obsesionadas con el modelo de belleza impuesto por nuestra sociedad. Aceptar estos procesos de envejecimiento corporal, sin que disminuya la autoestima general y sexual, es fundamental para que las personas mayores se sientan capaces de desear, atraer y amar. LA FAMILIA
De la unión de una pareja se genera un sistema evolutivo (ciclo familiar) que va pasando por diferentes fases y periodos, haciéndonos desempeñar distintas tareas, que implican cambios en los roles de género, sociales y profesionales.
Cuando los hijos se hacen mayores y se independizan suele producirse una gran desadaptación en el núcleo familiar.
Se cambia el sistema de relaciones, disminuyen las tareas de la casa… este proceso puede ser difícil de superar especialmente para las madres que han dedicado toda su vida a los hijos sin ocuparse se sí mismas.
Reconstruir la red de relaciones sociales, aprender a disfrutar de actividades lúdicas, cultivar los vínculos existentes o abrirse a otros, es fundamental en esta etapa de la vida.
TOMAR CONCIENCIA DE LA VIDA
Durante esta etapa vamos a hacernos consciente de la temporalidad de la vida. Viviremos de cerca la experiencia de la enfermedad propia o ajena, la muerte de familiares o amigos, los cambios de roles familiares… Reconocerse como ser temporal y aceptar este hecho con madurez, sin que acabe negando la posibilidad de encontrar sentido al presente no siempre es fácil, pero es lo deseable. Contar con una red emocional de apoyo, mantenerse activo personal y socialmente, favorece el adecuado afrontamiento de estas experiencias tan dolorosas.
BALANCE DE LA VIDA
En la vejez, los sentimientos de bienestar o malestar muchas veces vienen dados por lo que las cosas han sido y son, y no tanto por lo que se espera que sean más adelante. En esta etapa de nuestra vida solemos hacer balance de todo lo que hemos hecho; es muy peligroso para las personas ser demasiado autoexigentes o depender de valores ajenos, debemos ser autocompasivos, benevolentes y aceptar con realidad lo que ha sido nuestra vida.
LOS VÍNCULOS AFECTIVOS
El vínculo afectivo más importante a lo largo del ciclo vital el que establecen los niños con sus padres. Para comprender la dinámica afectiva de las personas mayores es importante analizar la evolución del apego a partir de la mitad de la vida. Los miembros de la pareja que han dado lugar a la familia pasan por la denominada crisis de la mitad de la vida. Las dificultades de ese periodo pueden venir por tres procesos distintos: la propia crisis de la mitad de la vida, los cuidados y la muerte de los padres y la independencia de los hijos. Se trata de una época especialmente difícil. Si las relaciones de la pareja son adecuadas, las relaciones de apego, amistad, intimidad sexual y de cuidado mutuo pueden seguir profundizándose y verse beneficiadas por la seguridad de los numerosos años reconvivencia y las experiencias vividas juntos.
Si las relaciones con los hijos son satisfactorias y se consigue darles autonomía, sin grandes conflictos, el proyecto de vida en común se verá recompensado. Si, por el contrario, los subsistemas entran en conflicto, el sistema familiar se verá amenazado hasta provocar problemas irreparables que afectarán a todos los ámbitos de las relaciones interpersonales.
Como vemos, por todos los cambios que se van sufriendo, este periodo entrañan dificultades, pero este primer periodo de la vejez puede ofrecer también grandes ventajas si se cumplen determinadas condiciones, como son la salud, un grado razonable de bienestar económico, capacidad para disfrutar de aficiones o actividades de tipo cultural y social, y se tienen relaciones satisfactorias con la pareja.
En este caso, verse liberados de los esfuerzos que supone el cuidado de los hijos, tener tiempo de ocio, disponer de la posibilidad de pasar todo el tiempo que se quiera con la pareja… puede hacer que este periodo se convierta en uno de los más satisfactorios de la vida.
¿QUÉ AFECTA A LA SEXUALIDAD EN ESTA ETAPA?
Existen otros muchos factores que afectan las relaciones sexuales con la edad avanzada. A grandes rasgos podríamos hablar de:
· Falta de estimulo sexual provocados por una vida sexual monótona y poco variada.
· Menor intensidad de las relaciones sociales.
· Pérdida de atractivos corporales de la pareja y la creencia de que es incorrecto tener fantasías sexuales en esta época.
· Agotamiento físico o psíquico propio de la ancianidad disminuye el interés por el contacto y crea temor por el cansancio extra.
· Trabajo, jubilación y aspectos económicos (preocupaciones, personas sometidas a elevadas presiones o demandas laborares e intelectuales derivadas de sus cargos, próximo arribo a la jubilación. Este inminente cambio en su rol social y las preocupaciones derivadas de este, cuando no se esta preparado para afrontarlo, actúan de igual manera en lo relativo al sexo.
· Viudez: los sentimientos afectivos desencadenados por la pérdida del cónyuge se hacen evidentes y se agrega en ocasiones a un periodo prolongado de inactividad sexual.
· Enfermedades físicas y mentales: Toda enfermedad debilitante o que afecte el psiquismo, por diferentes mecanismos, pueden dar al trato con toda actividad sexual. La Diabetes Mellitus es un ejemplo típico por mecanismos vasculares y neurogénicos pueden producir perdida de la erección o presencia de eyaculación retrógrada por falta de cierre del esfínter vesical durante el orgasmo.
· Medicamentos: Antidepresivos tricíclicos, fenotiacinas, agentes bloqueadores colinérgicos, benzodicepinas, narcóticos, inhibidores de la imao, una adecuada elección del fármaco por el médico, el ajuste de las dosis mínimas necesarias y la discusión franca con el paciente sobre su actividad sexual pueden disminuir las posibilidades de disfunción sexual por las drogas.
· Alcoholismo: Los cambios hormonales y metabólicos que afectan a todo el organismo, y en especial al SNC y periféricos, disminución de la testosterona y ACTH, temblor extrapiramidal, neuritis alcohólica provocan trastorno de la erección en el hombre y deprimen la libido en cualquier edad.
· Creencias religiosas: Consideran el sexo como algo pecaminoso con exclusión de su valor reproductivo, o que debe ser limitado dentro de estrictas reglas.
· Temor al desempeño: El miedo a fallar a no tener erección o a no hacer "un buen papel". En la mujer por temor a que su cuerpo o su desempeño no sean del agrado de su compañero. Podemos afirmar que un hombre o una mujer sanos físicamente y psíquicamente entre 50 y 70 años o incluso en edades avanzadas pueden mantener un determinado nivel de actividad sexual.
Todos estos factores y algunos más afectan directa o indirectamente a las relaciones sexuales de las personas mayores. Se podrían clasificar en dos grandes grupos:
· Factores relacionados con la salud · Factores psicosociales
Vamos a detenernos a analizar un poco más cada uno de ellos para comprender y ser conscientes de la influencia que generan en las personas mayores.
FACTORES RELACIONADOS CON LA SALUD
La salud es uno de los factores de mayor influencia en la sexualidad de nuestros mayores. El estado físico general y los problemas de salud concretos, pueden favorecer o limitar el interés y la actividad sexual durante la vejez. Las enfermedades crónicas de cualquier tipo están asociadas a cambios psicológicos como ansiedad y depresión que afectan al comportamiento sexual. La pérdida del deseo sexual puede ser un mecanismo de protección en los pacientes que tienen deterioro en la autoimagen. Estas enfermedades pueden tener también un factor de aislamiento social, de limitación de la movilidad e incluso causar dificultades económicas.
Las principales patologías y situaciones crónicas que afectan a la función sexual en las personas mayores serían:
1.- Poliartrósis.
La artrosis es la patología más prevalerte en las personas mayores. Disminuye la movilidad, y puede causar dolor causando limitación en la capacidad sexual. Las deformidades de la artritis puede afectar la autoimagen, con el secundario temor a ser menos atractivo/a para la pareja.
2.- Diabetes.
La prevalencia de la diabetes aumenta con la edad, alcanzando un pico en la séptima década. Es una causa importante de disfunción sexual. Más de un 50% de los hombres diabéticos sufren de impotencia, y esto aumenta con la edad. A los 65 años, hasta un 60% de los diabéticos son impotentes. Otras disfunciones son la eyaculación retrógrada y la oligoespermia. En las mujeres, un 18-35% de las diabéticas tienen dificultades en el orgasmo.
3.- Patologías cardiovasculares.
Las enfermedades cardiovasculares son la principal causa de muerte, en los países industrializados, y especialmente frecuentes en edades más avanzadas. Además, las cardiopatías tienen un marcado efecto negativo sobre la calidad de vida de los pacientes, produciendo un elevado índice de invalidez fisicopsíquica, con amplia repercusión en las relaciones sociofamiliares y en la esfera sexual de la pareja.
Los trastornos sexuales tras el infarto agudo de miocardio están perfectamente documentados. La disfunción más frecuentemente encontrada en el sexo masculino ha sido la disminución de la libido, dificultad para la erección y eyaculación y la impotencia. En las mujeres ha predominado la frigidez e insatisfacción. La presencia de sintomatología y fenómenos psicológicos, como el miedo y la depresión, juegan un papel importante en la normal reincorporación social y sexual de los enfermos.
4.- Demencia
La sexualidad esta afectada por los problemas de comportamiento en los pacientes con demencia. La falta de memoria y la confusión pueden afectar la relación con su pareja. En las fases iniciales puede haber un aumento del deseo sexual o desinhibición, llevando a unos comportamientos sexuales inapropiados (como la masturbación delante de otras personas o la persecución sexual a miembros de la familia). Los enfermos con demencia pueden tener actitudes paranoicas, actitudes de evitar a la pareja y tendencia a aislarse de los demás. La agitación y la agresión verbal o física hacia miembros de la familia se puede desarrollar con la evolución de la enfermedad. Todo esto pone en peligro las relaciones de pareja, creando un sentimiento de pérdida, de rabia o desesperación, lo cual disminuye el sentido de intimidad en la relación.
5.-Enfermedad cerebrovascular
Los ACVA se asocian a la disfunción sexual, por la incapacidad funcional la disminución de la autoestima, o por fallos en la comunicación con la pareja ( por disfasias o temor a tener un nuevo ACVA en el coito).
6.-Enfermedad del parkinson
La rigidez puede inferir con la actividad sexual, o también por afectación del sistema nervioso autónomo dando fallo eréctil o problemas eyaculatorios. Para estos enfermos se recomiendan técnicas de relajación, y aprovechar los momentos del día que tengan más movilidad para su actividad sexual.
7.- Enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC)
Los pacientes con hipoxia tienen unos niveles bajos de testosterona. Aunque no hay datos sobre el efecto de a hipoxia en los ovarios, sí los hay sobre los testículos. En estos casos habría que informar a la pareja de sus limitaciones y estimular actividades sexuales alternativas.
8.- Enfermedades del tiroides
El hipotiroidismo es una causa de disfunción sexual. El 4,4% de los mayores en general puede tener hipotiroidismo, con manifestaciones poco visuales. Los cambios hormonales producidos por esta enfermedad tienen efecto en la actividad sexual, aunque éstos son rápidamente reversibles con un tratamiento adecuado.
9.- Insuficiencia renal
La insuficiencia renal crónica se asocia a cambios hormonales. En pacientes con hemodiálisis se produce una reducción de la testosterona, así como otras causas de impotencia.
10.- Cancer
La depresión y la ansiedad que acompañan a su diagnostico afectan el comportamiento sexual. En los hombres la prostatectomía radical, la radio o la quimioterapia, pueden resultar en una impotencia permanente. En las mujeres el cáncer ginecológico o de senos, puede llevar a una desfiguración de su cuerpo y a una pobre autoimagen. Puede existir dolor. Estos problemas se pueden superar con una buena técnica y un buen nivel de comunicación con la pareja.
11.- Alcoholismo
El abuso del alcohol tiene una prevalencia en mayores de 65 años del 5-12% en hombres y del 1-2% en mujeres. Se ha observado disfunción sexual y atrofia testicular hasta en un 50% de los alcohólicos. La ingesta de alcohol causa una disminución de los niveles de testosterona, compromete el deseo sexual y disminuye la potencia.
Las personas aquejadas de algún tipo de estas patologías, deben, en primer lugar, hablar con sus parejas acerca de sus dificultades sexuales, es importante una buena comunicación con la pareja para afrontar temores. Es preciso que la pareja reciba información adecuada y una serie de recomendaciones (de su especialista) para lograr una adaptación a las nuevas situaciones de incapacidad.
La función sexual no tiene que desaparecer tras ninguna enfermedad crónica, se puede adaptar en forma de afecto, caricias, o técnicas posturales (si se quiere realizar el coito). Otra alternativa es que el cónyuge sano o con menos incapacidad tome un papel más activo, sin que esto implique una total pasividad de ninguno. Lo importante en este caso es poder seguir disfrutando de ese encuentro y de esa relación íntima con la pareja.
Otro factor a tener en cuenta es el efecto que los medicamentos tienen en la actividad sexual a estas edades. Se sabe que 2 de cada 3 pacientes mayores toma medicamentos (como antihipertensivos, antidepresivos…) que son frecuente causa de deterioro en la sexualidad.
Las alteraciones o efectos que los diferentes fármacos pueden producir en los mayores se podrían resumir en el siguiente cuadro:
· Fármacos que alteran la función sexual en la mujer:
- Disminuyendo el deseo sexual: antihistamínicos , barbitúricos , cimetidina, espironolactona, antidepresivos tricíclicos, clorpromacina, estrógenos. - Empeorando la excitación y el orgasmo: anticolinérgicos, antidepresivos tricíclicos. - Agrandando las mamas: estrógenos, antidepresivos triciclitos. - Aumentando el deseo sexual: andrógenos, ansiolíticos, benzodiacepinas.
· Fármacos que alteran la función sexual en el hombre:
- Aumentando el deseo sexual: andrógenos, diazepan, levodona, haloperidol
- Disminuyendo el deseo sexual: los fármacos antiandrógenos empleados en el tratamiento de cáncer de próstata así como los mencionados anteriormente en el caso de la mujer.
- Impotencia: algunos antibióticos, antiarrítmicos, algunos antihipertensivos (diuréticos betabloqueantes, calcioantagonistas), ansiolíticos, hipnóticos, antidepresivos, antipsicóticos, levodova, litio, analgésicos opiáceos, anticolinérgicos, antiespasmódicos, metoclopradina, clofibrato, naproxeno, estrógenos.
- Disminuyendo la eyaculación: anticolinérgicos, clonidina, estrógenos antidepresivos tricíclicos, tiazida, tioridazida.
- Disminuyendo la testosterona: digoxina, haloperidol, litio, espironolactona.
- Priapismo: heparina, fenotiazidas.
FACTORES PSICOSOCIALES
Nuestros mayores de hoy han sido educados en épocas pasadas, sometidos a influencias muy diversas de orden político, cultural, religioso… Por eso, los mayores son muy diferentes, y cada uno es el resultado de su propia historia de vida.
Muchos mayores han vivido bajo unos determinados patrones sociales, éstos interiorizados por la mayoría de ellos e incluso de sus hijos suponen una barrera para un mayor disfrute en su sexualidad actual.
Nuestros mayores se han educado en un ambiente social donde:
- El concepto de sexualidad que se ha mostrado era el de una sexualidad enfocada a la genitalidad, falocrática, asociada siempre al matrimonio y a la procreación. No se admitía ninguna relación que no fuera heterosexual y cronológicamente se situaba entre la juventud y la adultez. Una sexualidad concebida desde esta perspectiva, niega o reduce las posibilidades de vivirse durante la vejez, ya que no es la edad donde se puedan tener hijos, se tenga el vigor coital y se disponga siempre de matrimonio. - Las falsas creencias sobre la sexualidad en la vejez que se han vertido a lo largo de la historia han condicionado negativamente las posibilidades de que las personas mayores vivan adecuada y libremente su sexualidad. Entre ellas podríamos destacar ideas como:
· La satisfacción sexual decrece después de la menopausia. · Los mayores no tienen intereses sexuales. · Las mujeres mayores que se interesan por la sexualidad suelen haber sido ninfómanas en su juventud. · Es indecente y de mal gusto que los mayores tengan interés por la sexualidad. · La actividad sexual debilita. · Los mayores que se interesan por la sexualidad son personas perversas e inmaduras (viejos verdes). · Los mayores no tienen capacidad fisiológica que les permita tener conductas sexuales. · Los mayores no son atractivos sexualmente.
- La jubilación en vez de ser un periodo de reconocimiento de los esfuerzos realizados, de descanso, de tranquilidad, de seguridad económica, de liberación de las tensiones del trabajo, de actividades lúdicas y gozosas, supone ( en muchos casos) una pérdida de ingresos económicos, una disminución de la actividad física mental y una ruptura con la red de relaciones sociales. Esto es interpretado como una muerte social que disminuye el interés por vivir y el propio interés por la sexualidad. Esto afecta sobre todo a los hombres, su inactividad y el aburrimiento, junto con la sensación de marginación social (al no ser productivo) predicen un rápido deterioro físico y psicológico que afecta también a la sexualidad.
- Vivir en una sociedad que promueve hasta la saciedad un modelo corporal juvenil, puede favorece que los cambios asociados al envejecimiento se vivan con una cierta angustia. Decimos hasta la saciedad, porque no hace falta más que ver muchos de los anuncios publicitarios, desfiles de moda, numerosos programas de TV…etc., para darnos cuenta de la importancia social que se le concede y de la presión que ejercen la cirugía estética, la promoción de productos cosméticos, los tintes y peluquerías, los instrumentos y productos para adelgazar, las dietas milagrosas, los gimnasios, los productos hormonales para desarrollar musculatura…etc. y muchas otras actividades encaminadas a tener un determinado cuerpo con unas medidas que se antojan, desde un punto de vista racional y realista, inalcanzables y para transmitir la idea de que hay que estar siempre joven, de que tal cosa es posible, o cuando menos parecerlo.
En cualquier caso la situación claramente contradictoria no es fácil para muchas de estas personas mayores, ya que, de una parte han sido educados en un ambiente hostil y represivo y, de otra, viven un momento social en donde se promueve un modelo de libertad y disfrute sexual sin parangón. Probablemente falta una posición más intermedia, entre el modelo negador y el modelo impositivo, en la que los ingredientes fisiológicos y psicosociales de este momento evolutivo, pudieran coexistir de una manera armónica. Sería deseable contribuir a que los mayores tengan una imagen de la sexualidad más realista, basada en las necesidades y capacidades de cada cual, lejos del modelo juvenil de productividad coital. O dicho de otra manera: es preciso favorecer su propio modelo, no imponer conductas, respetar sus valores y su historia personal.
BENEFICIOS DE LA SEXUALIDAD EN LA MADUREZ
Podemos entender la sexualidad como una extraordinaria posibilidad de comunicación que tienen a su disposición las personas, para expresar y compartir muchos y variados deseos, sensaciones, sentimientos, emociones, fantasías afectos, caricias o ternura. Las relaciones sexuales son ante todo una manera íntima, privada y sincera de decirle al otro/a: "Te quiero", "Te amo", "Te deseo" o simplemente " Me encanta estar junto a ti" y, en vez de decirlo verbalmente, se lo decimos con nuestras manos, con toda nuestra piel. Al hacer esto, nuestro cuerpo, todos los cuerpos, están genéticamente programados y preparados para responder al estímulo sexual, siempre que haya deseo y disponibilidad para ello, poniendo en marcha un extraordinario y complejo proceso de respuesta sexual.
Cuando hablamos de sexualidad estamos también hablando de amor, cariño, amistad o relación. No quiere esto decir que, siempre que haya amistad o amor, tenga que haber relaciones sexuales. Ni siempre que hablamos de sexualidad nos referimos a amistad o amor. La sexualidad, es una parte de la necesidad de establecer relaciones que tenemos todos los seres humanos. También es un componente de la necesidad de amor y afecto. Unos la viven de un modo y otros de otro. La variabilidad personal es extraordinaria. La sexualidad es una dimensión global que mediatiza la totalidad del ser humano, independientemente de los años que tenga. La capacidad de sentir, de vivir, expresar y compartir sensaciones corporales, afecto y ternura, poco tiene que ver, en principio, con la edad.
Toda persona tiene derecho a vivir y expresar su sexualidad a su modo y manera. No obstante las personas mayores tienen que enfrentarse a un extendido, pero no por ello aceptable, prejuicio social y asistencial que tiende a negarles esta faceta de su personalidad. Reconoceremos que tal hecho es harto injusto porque menoscaba su propia condición de ser humano y afecta negativamente a sus relaciones interpersonales. El entorno niega su sexualidad y critica a las personas que se interesan por ella. Si la sociedad no parece ser muy tolerante ante este tipo de hechos, no lo son más los propios familiares, incluso los propios compañeros/as. Da la impresión de que existe una especie de confabulación contra la libertad de opción sexual y el derecho a vivir y expresar las necesidades afectivo-sexuales.
Pero los mayores, no deben dejarse influenciar por esto, el amor, el cariño y la amistad, no solo deben ser sentidos en esta edad, en toda su profundidad, sino que deben expresarlos y exteriorizarlos para que produzcan en ellos sus efectos más beneficiosos.
No hay rejuvenecedor más eficaz, ni equilibrador psicofísico más seguro que la práctica del sexo y las muestras de ternura. Sus beneficios para la salud mental y psíquica son claros.
Una alta frecuencia orgásmica puede aumentar la longevidad. El neuropsicólogo David Weedk, ha efectuado un trabajo sobre 3500 personas de 18 a 102 años y concluye que el sexo retrasa el envejecimiento.
Entre otros beneficios de la práctica sexual en esta etapa podemos destacar:
- Activa la circulación sanguínea, la capacidad pulmonar y elimina toxinas. - Mantiene más joven y atractivo el cutis. - Tonifica los músculos. - Alivia dolores reumáticos y previene la osteoporosis. - Refuerza el sistema inmunológico y fortalece la actividad cardiaca.
También ayuda a envejecer de manera más saludable:
- Mantenerse activos física y mentalmente - No perder el sentido del humor y practicar la risa a diario. - Seguir relacionándose con los demás de manera afectuosa coloquial y divertida. - Atreverse a hacer cosas, participar, ayudar, sentirse útil. - Huir de: preocupaciones, rencor, envidia, críticas. Dedicarse solo y exclusivamente a vivir.
EDUCAR EN EL PROCESO DE ENVEJECIMIENTO
Es muy importante, que la persona se sienta bien consigo misma, hay que ayudar a nuestros mayores a aprender a aceptar este periodo del la vida que inician y que puede ser tan gratificante o incluso mejor que cualquier otro.
En este proceso de aprendizaje, la aceptación de la temporalidad de la vida humana es fundamental. Aceptar que la juventud pasó y que lo importante es vivir el presente, tratar de gozar de él, y preparar el futuro en todos los órdenes, será una excelente manera de sentar las bases de una buena y saludable vejez.
Cukier (2004) señala que “la capacidad para reconocer la finitud de la existencia y aceptando la pena que este descubrimiento produce, es quizá, el logro psicológico más grande”.
En este sentido sería deseable conocer, comprender y aceptar (con anterioridad) todos los cambios que se producen en esta etapa:
1. Cambios fisiológicos
2. Cambios en el ámbito de la vida familiar:
a) Cuando los hijos se van (el famoso síndrome del nido vacío) particularmente en el caso de la madre que, muy a menudo, se ha ocupado poco de sí misma y mucho de sus hijos/as. b) Cuando se pierde a la pareja, bien por divorcio o por fallecimiento, y que puede provocar un grave cuadro psicológico de soledad emocional.
c) Cuando las circunstancias familiares (enfermedad o muerte de los propios padres o de otros familiares cercanos) crean condiciones de desequilibrio emocional.
3. Cambios de naturaleza más psicológica y personal.
4. Cambios en el ámbito de la vida laboral y social
A menudo, se tienden a considerar mucho más los cambios fisiológicos y menos los de naturaleza psicosociales, (particularmente los referidos a las relaciones y los afectos) aunque es incuestionable la importancia de ambos en el proceso de envejecimiento.
Visto todo esto sería importante contar con programas de intervención integrales que ayudaran a los mayores a integrar y aceptar todos estos cambios. En realidad todos seremos viejos algún día y a todos nos gustaría que nos trataran con cariño y respeto, pero también con dignidad y justicia ya que las personas mayores, cuando menos, han trabajado para que las nuevas generaciones se beneficien de ese esfuerzo.
¿ Por qué se debe crear una atención espacial ante este colectivo? Podríamos enumerar los siguientes motivos:
1.- Las sociedades tienen cada vez un mayor número de personas mayores, que viven más tiempo, lo que supone atender a un importante sector de la población. En el libro Blanco de la Dependencia, realizado por el Ministerio de Asuntos Sociales (2005), se señala que el número de personas mayores de 65 años se ha duplicado en los últimos 30 años, pasando de 3,3 millones en 1970, a 6,6 millones en 2000, advirtiendo que el colectivo de población de 80 años y más, aumentará en los próximos años estimando que en 2016, el 6.1% de los españoles tendrá más de esa edad. En el informe “Las personas mayores en España 2004”, publicado por el Ministerio de Asuntos Sociales, se constata que los españoles mayores de 65 años son ya 7,2 millones, es decir el 17% de la población. El 65% son mujeres. Según Naciones Unidas en 2050 España será el segundo país del mundo mas envejecido, después de Japón.
2. - Nos encontramos con el hecho de que la esperanza de vida ha aumentado significativamente en las últimas cinco décadas, lo que supone que, cuando hablamos de vejez, no nos estamos refiriendo a un momento corto, ni mucho menos al final de la vida, sino a una etapa importante, tanto en lo que a duración hace referencia, como al número de personas que afecta. Es obvio que los avances en el terreno de la salud, entendida desde una perspectiva global, han favorecido una mayor esperanza de vida, por lo que cada vez hay más personas mayores y con mejor salud, calidad de vida y mayor valoración de su tiempo libre.
3.- Los avances científicos en diferentes órdenes de la ciencia y, también, en el campo de la sexualidad y de las necesidades afectivo-sexuales, que han contribuido a una mayor valoración de éste área.
A la luz de lo expuesto hasta el momento, queda clara la pertinencia de una adecuada información-formación sobre estos cambios de tan importante trascendencia en la vida de las personas mayores, tanto para ellas mismas, como para los profesionales que les atienden, así como sus familiares.
Las ventajas del conocimiento acerca de estos hechos en esta etapa de la vida, aunque obvias, preciso es recordarlas: en primer lugar va a evitar o al menos poner en cuestión mitos y creencias erróneas o interpretaciones falsas sobre esos hechos; en segundo lugar, el conocimiento permitirá una respuesta adaptativa a esos cambios y, finalmente, va a contribuir a crear las condiciones para que sea posible un mejor nivel de salud afectivo-sexual.
Consiguientemente un mayor y mejor conocimiento de lo que, en realidad, va a pasar o está pasando, va a permitir una adaptación racional que evitará sufrimientos y angustias innecesarias, requisito por otra parte elemental para un mantenimiento satisfactorio de la función sexual a lo largo del tiempo
También sería necesario un trabajo concreto en la modificación de actitudes sexuales con un enfoque positivo ante la sexualidad de ahí la conveniencia de trabajar en grupos, planificando y diseñando los objetivos en las intervenciones educativas. Habría que intentar disminuir el sentimiento de culpa asociado a las prácticas sexuales, por parte de muchas personas mayores. La comunicación afectiva y tierna, el contacto corporal, una mayor intimidad en los sentimientos y emociones, masturbación mutua, nuevas formas de estimulación...etc., pueden ser aspectos a redescubrir en este momento. Se hace preciso un cambio de actitud social hacia la vejez y hacia las necesidades afectivo-sexuales de los hombres y mujeres mayores. Todos podemos y debemos contribuir a ese cambio. En la consecución de ese cambio, probablemente, como ya hemos dicho, la educación sea un elemento determinante.
Proponemos enseñar a las personas mayores a mantener o crear en su caso nuevas relaciones, nuevos vínculos afectivos, estimulándoles a que se arriesguen a tener relaciones de amistad, que formen parte de nuevos grupos...etc. Que sean capaces de expresar, pedir o proponer demandas concretas de relación. Inclusive un aprendizaje que tal vez no se hayan planteado algunas parejas: ser capaces de hablar de sexualidad.
La jubilación ocasiona estragos en aquellos sujetos que, lo que más han hecho en su vida, ha sido trabajar. La identidad que ofrece la ocupación y el sueldo desaparece. El sujeto parece perder su lugar en la sociedad. Es preciso que estas personas aprendan a disfrutar del tiempo libre y de nuevas relaciones fuera del ámbito laboral. El hecho de que haya muchas personas mayores con importantes pérdidas de vínculos afectivos (tanto individuales como sociales), así como la actitud de rechazo hacia la sexualidad de los mayores, obstaculiza el que satisfagan sus necesidades emocionales y afectivas. Es preciso intervenir en estos casos, favoreciendo la creación de nuevos vínculos.
Se deben de utilizar recursos didácticos y materiales audiovisuales centrados en el afecto y la sensualidad: disfrutar de las caricias, del contacto corporal y de la comunicación, de dar y recibir cariño, de querer y de sentirse querido. Todo ello puede ser muy excitante y placentero. De hecho lo es para muchos mayores, por lo que es inadmisible pensar que la vejez es una etapa de involución de la sexualidad. Las personas mayores deben saber que los procesos de envejecimiento no justifican, por si solos, una disminución brusca de la sexualidad, ni mucho menos una anulación de la misma. Es fundamental que acepten positivamente los procesos de envejecimiento y se adapten a ellos de manera saludable y optimista.
El deseo, la atracción, la autoimagen sexual, la capacidad de amar y de enamorarse...etc., no se acaban a determinada edad, sino que dependen de factores muy diversos entre otros la propia individualidad y la propia historia personal.
Hemos de transmitir una idea positiva de estos cambios a nuestros mayores: el hecho de que haya menor excitación sexual, que esta sea más suave, que haya también menos presión por eyacular y que tanto a hombres como mujeres les gusten las caricias y los juegos, abandonarse a la ternura, toda vez que el hecho de disponer de mucho tiempo libre, puede permitirles una vivencia sexual desconocida hasta ese momento. Una adecuada preparación a estos cambios, no solo no es recomendable, sino que puede ser la plataforma adecuada para vivir otra manera distinta su sexualidad.
La formación debe continuar en la sociedad, tarea esta más difícil y compleja pero no por ello imposible, a través de campañas específicas de sensibilización con objetivos generales y de consecución a largo plazo. Estas actuaciones deben abarcar otras muchas medidas, valientes e imaginativas. Las personas mayores tienen el derecho a disfrutar de los placeres que les depare ese otoño de la vida. Como ellos y ellas deseen, pero sin verse obligados a comprar amores mercenarios como único recurso, a vivir clandestinamente algo saludable y legítimo o a renunciar definitivamente a sentirse deseados o a desear a otras personas. La injusticia de nuestra sociedad en este terreno es extraordinaria en contra de los deseos de las personas mayores que impregnan todos los poros de su piel. Contra una ley natural como pocas: la vida afectiva y sexual en las personas mayores es saludable, necesaria y beneficiosa. Los mayores tienen sexualidad. Su sexualidad. Su deseo y su placer, diferente al de un joven. Menos apasionada pero más tierna. Menos impulsiva pero más relajada. Menos preocupada por la cantidad pero si por la calidad.
Una vida sexual activa y satisfactoria en la vejez es un buen síntoma de salud y bienestar. El impedir o coartar esta capacidad no hace sino aumentar el sufrimiento y la soledad a las que ya de por sí, nuestra sociedad competitiva tiende a condenar a las personas mayores, acelerando así su proceso de envejecimiento.
SEXUALIDAD SALUDABLE EN LA VEJEZ
Una vez vistos los cambios en el envejecimiento que influyen en el sexo, se puede decir que las personas pueden tener una sexualidad activa y placentera en ese periodo de su vida. En este siglo en el que la vida del hombre se ha prolongado considerablemente, aún subyacen conceptos equivocados que plantean que la actividad sexual ha de desaparecer en edades avanzadas, como si la sexualidad fuese algo anormal, o moralmente mal visto. Sin embargo, hay que reconocer que para algunas personas de ambos sexos envejecer es un factor causante de ansiedad y esto influye en su relación sexual.
Una educación adecuada sobre los aspectos normales del envejecimiento sexual y el reconocimiento de que el sexo no es exclusivo de jóvenes, son fundamentales para la comprensión y actividad del sexo en edades avanzadas.
Los factores más importantes que ocluyen en la actividad sexual de personas mayores son:
· Una buena salud e interés sexual
· Una buena información sobre sus posibilidades sexuales
· Hablar abiertamente de su situación y de las necesidades de cada uno, de dudas o temores, pues esto es necesario para conseguir una sexualidad buena y saludable. La comunicación es fundamental para reforzar el vínculo de la pareja, la autoestima de cada uno y la confianza. Está demostrado científicamente que las personas pueden disfrutar de la vida sexual en todo su ámbito sin importar su edad. Cabe por ello pensar que una vida sexual activa en la vejez sólo tiene consecuencias positivas; los mayores se verán más apreciados por su pareja, más queridos y deseados, y su sentimiento de vitalidad será enorme.
Desde el punto de vista de la salud, resulta también recomendable ya que nos mantiene en una buena forma física y mejora el funcionamiento del sistema cardiovascular.
Es importante procurar educación sexual a nuestros mayores y hacerles comprender que la búsqueda del placer en la erección, el coito y el orgasmo son hechos deseables pero no únicos ni necesarios para alcanzarlo. Según expertos en el tema, para la mayoría de la gente mayor, las caricias, besos y otras formas de contacto corporal resultan ser muy placenteros y son aspectos muy valorados en sus relaciones íntimas.
La madurez es sin duda alguna buena época para dar rienda suelta a la imaginación y disfrutar de los juegos sexuales. Fomentar la comunicación, ser creativos, huir de la monotonía es asegurarse una larga e íntegra vida sexual.
La vejez no es el final; todo lo contrario: puede ser el principio. El secreto está en conocer y asumir nuestros cambios cuando éstos lleguen. Es posible que con la madurez las relaciones sexuales carezcan de rapidez e intensidad, pero se llenan de afecto, no se pierde el interés y se encuentra un compañero con quien compartir inquietudes, el resultado es siempre positivo: una vida sexual gratificante y repleta de alegrías.
DECALOGO DE LOS DERECHOS DE LA VEJEZ
Para finalizar esta aproximación a la sexualidad en la vejez, he creído oportuno transcribir la aportación de Alonso Acuña, un sexólogo chileno, que publicó en 1984 (hace más de 20 años) en su libro “Sexo y edad: de la madurez a la vejez” el siguiente decálogo:
1. El ejercicio de la sexualidad es una libre opción que estoy en capacidad de tomar.
2. Mi expresión sexual es permanente y no depende de la edad. Es una faceta vital que varía con cada persona.
3. Tengo el mismo deseo y derecho a recibir y dar caricias tal y como sucedía en mi niñez y juventud.
4. Estoy en capacidad de expresar sanamente el afecto hacia las personas que me atraen.
5. Puedo constituir pareja y compartir mis sentimientos sin límite de edad.
6. Soy capaz de trabajar, de producir, hacer deporte y divertirme. Mi situación de retiro o pensión no me lo impide, antes bien lo facilita.
7. Como persona mayor puedo tener el don de lo elemental, como sucede en la niñez. Soy capaz de gozar de la transparencia del aire, del aroma de la flor, el color de las mariposas, el roce de una mano amiga, la ternura de una caricia, el murmullo de un manantial. Cada vez más en virtud de mi experiencia.
8. Me aferro a la vida porque sé de su valor y percibo el placer de vivirla, aunque en ocasiones disfrute en la soledad de mis recuerdos y parezca persona huraña.
9. Tengo derecho a cuidar y mejorar mi imagen exterior, a transmitir a los demás la belleza interior que brota de mi cuerpo y gozar de toda clase de sensaciones que de él provengan.
10. El llegar a la vejez significa que he sobrevivido y triunfado sobre la enfermedad y la muerte. Puedo transmitir con orgullo estas ideas a mis hijos, nietos y amigos, para que a su vez si ellos logran alcanzar la vejez, tengan entonces el privilegio de transmitirlas, a sus nietos, hijos y amigos.
Alonso Acuña, 1984
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