Calendario

Enero 2012 Febrero 2012 Marzo 2012
Lu Ma Mi Ju Vi Do
1 2 3 4 5
6 7 8 9 10 11 12
13 14 15 16 17 18 19
20 21 22 23 24 25 26
27 28 29

Acceso usuarios






¿Recuperar clave?
Inicio arrow Monografías arrow Lesbianismo: Algo más de una orientación del deseo
Lesbianismo: Algo más de una orientación del deseo PDF Imprimir E-Mail

¿QUÉ ES LA ORIENTACION DEL DESEO?

Todas las personas  desde que nacemos hasta que morimos somos sexuadas. A lo largo de nuestro desarrollo van cambiando nuestras características sexuales visibles y no visibles así como nuestros modos de entender y vivir nuestra sexualidad. Una faceta de nuestro ser sexuados/as es la búsqueda y necesidad vital de sentir placer. Puede haber muchas formas de placer, y en todas ellas un elemento común: el objeto. Se puede sentir placer con una comida, con una música, con una misma, o con otra persona; siempre habrá un objeto o estímulo productor de placer. Cuando hablamos de la orientación del deseo sexual nos referimos de un modo general a cuál es el objeto (hombre o mujer) de deseo o generador de placer erótico de una persona. 

Desde un punto de vista general, cuando nuestro deseo se orienta hacia personas del  otro sexo  hablamos de heterosexualidad mientras que cuando el deseo sexual se orienta hacia personas del mismo sexo el término utilizado es homosexualidad. Además cuando el deseo se orienta tanto a hombres como a mujeres, entonces hablamos de bisexualidad.

QUÉ ES LA HOMOSEXUALIDAD Y EL LESBIANISMO. PROCEDENCIA DEL TÉRMINO LESBIANA.

Tradicionalmente se ha denominado homosexual a aquella persona que manifestaba conductas sexuales con personas del mismo sexo. Esta definición ha resultado incorrecta e incompleta por varias razones, la primera, porque no todas las personas tienen relaciones sexuales  y en cambio sí orientan su deseo hacia personas de uno, otro sexo o ambos. Actualmente se entiende que la orientación del deseo viene explicada por, al menos, cuatro elementos básicos: la atracción sexual, las fantasías sexuales, la vinculación emocional y por último, las conductas sexuales manifiestas.  De este modo la persona homosexual sería aquella que siente deseo sexual hacia personas del mismo sexo, esto llevaría implícita la atracción o erotización sexual con estas personas así como la predisposición a vincularse emocionalmente con éstas. Al ser objeto de deseo y excitación, las fantasías sexuales (estímulos sexuales en la imaginación) giran en torno a esta temática. Finalmente personas que pueden identificarse como homosexuales pueden mantener relaciones sexuales heterosexuales o viceversa, si bien las personas tendemos, como mecanismo de salud, a la coherencia entre nuestros pensamientos, sentimientos y comportamientos.  Y por esta razón es también una variable importante a tener en cuenta la propia identificación o definición de sí misma/o como homosexual.

Tomando como referencia estos cuatro elementos básicos, así como la propia identidad, hemos de tener en cuenta además que las personas evolucionamos a lo largo de nuestra vida y en el transcurrir del tiempo y de las experiencias podemos manifestar conductas homosexuales, a modo exploratorio, sentir atracción sexual hacia personas del  otro sexo, tener fantasías con ambos sexos, sin que por ello podamos afirmar que nuestra orientación sexual es una u otra. Por ello sigue siendo compleja la definición de homosexualidad y, por extensión, la de heterosexualidad y bisexualidad. Sirva esto al menos para no simplificar y estereotipar el concepto, y no cargarlo de graves errores como que la homosexualidad implica desear cambiar de sexo o comportarse como el otro género. Esto último se comentará más adelante con mayor detenimiento respecto a la doble discriminación de las mujeres lesbianas.

¿Y por qué hablamos por un lado de homosexualidad y por otro de lesbianismo? Por la sencilla razón de que cuando se utiliza la palabra homosexual en el imaginario colectivo están incluidos en exclusiva los hombres, aunque en un segundo momento pueda considerarse a las mujeres, debido al incorrecto uso constante del masculino plural como genérico a veces, y otras como erróneamente genérico. En cambio el término lesbianismo alude en exclusiva a las mujeres, sin lugar a dudas y, desde nuestro punto de vista, el patriarcado en que nos desenvolvemos provoca desigualdades sociales que perjudican a las mujeres y entre las personas homosexuales no iba a ser diferente, de modo que estas desigualdades se multiplican, pues las mujeres lesbianas estarían como hemos apuntado, bajo una doble discriminación: como mujeres y como lesbianas.

Una curiosidad interesante es el término lesbiana. La palabra debe su origen y significado a la ciudad de Lesbos y a la poetisa Safo. Nacida en Lesbos (actual Mitilene) vivió entre el 650- 580 a.C. De su obra se conservan pocos documentos, algunos poemas y fragmentos extraídos de fuentes indirectas. Los contenidos temáticos de su obra son variados aunque destacan los contenidos amorosos. Esta poetisa, muy conocida en su época, creó una escuela para chicas donde Safo enseñaba manualidades, poesía, filosofía y artes amatorias. Por sus poemas y datos recogidos se deduce que la autora se enamoraba de sus discípulas, lo que la ha convertido en abanderada de las mujeres homosexuales que han tomado el término lesbianas para nombrarse y hacerse visibles. La palabra no se usó con frecuencia hasta el siglo XIX. 

Según algunas autoras ha habido una ocultación consciente por parte de historiadores de las relaciones homosexuales de la poetisa con el fin de asexualizar estas relaciones o desvincular la sexualidad de la obra artística. De otro lado y en contra de lo anterior también hay quien afirma que ha querido cargarse de perversión los comportamientos sexuales de Safo, aludiendo que practicaba sodomía con sus alumnas, con conductas pederastas, que por otra parte sí están documentadas en la época con respecto a los varones, para los que estaba socialmente aceptado como método de aprendizaje de las artes sexuales.

Antes de continuar, y para hacernos una idea de la población a la que nos estamos refiriendo, se estima que aproximadamente un 10% de los hombres son homosexuales y otro tanto de las mujeres son lesbianas. De cualquier forma estos datos varían en mayor o menor medida según la fuente y los criterios utilizados para categorizar la orientación sexual. Además habremos de tener en cuenta también a la población bisexual.  Y de cualquier manera, desde nuestro punto de vista no es más que un dato numérico que poco nos interesa de cara a los contenidos a tratar.

¿La persona homosexual nace o se hace?

La gran pregunta respecto de la homosexualidad ha sido siempre ¿se nace o se hace? Y así se refleja en las constantes preguntas que reciben quienes muestran abiertamente su orientación homosexual: ¿Cómo te diste cuenta, desde cuándo? En el terreno científico se ha investigado mucho al respecto, desde teorías o postulados diferentes, como la genética, la hormonal o la neuroanatómica. Asimismo desde postulados más sociales se ha buscado las causas en los mecanismos de aprendizaje y socialización. De cualquier forma encontrar un origen digamos “de nacimiento” ha sido una motivación para justificar la insalubridad de esta orientación. Así como desde postulados “natales” y “sociales” se ha buscado la causa para corregirla.

Afortunadamente a pesar de estudios numerosos y variados, y aunque pueda haberse encontrado algún factor predisponente, ningún estudio ha estado alejado de críticas ni ha encontrado la fórmula magistral de la homosexualidad.  Quizá porque se ha enfocado el estudio como problema, y como algo específico, en lugar de investigar en torno al origen del deseo sexual y su orientación de forma global, incluyendo la orientación heterosexual, homosexual y bisexual como objeto de estudio.

De cualquier manera entendemos que si desde la ciencia afortunadamente se ha eliminado la homosexualidad como enfermedad (en 1973 la Asociación Norteamericana de Psiquiatría retira la homosexualidad del Manual Diagnóstico Estadístico de Trastornos Mentales y en 1990 la Organización Mundial de la Salud lo suprime de la Clasificación Estadística Internacional de Enfermedades y otros problemas de salud) y se ha normalizado, lo realmente interesante, más allá de las causas o factores de predisposición, es dar a conocer lo desconocido y visibilizar lo invisible respecto de la homosexualidad, puesto que no hablamos de objetos sino de personas que sienten, piensan, se manifiestan y viven en una sociedad que las rechaza aún hoy.

MUJER Y LESBIANA:

UNA DOBLE DISCRIMINACIÓN DESDE EL PATRIARCADO

La homosexualidad, tanto femenina como masculina, ha sido perseguida, considerada delito y enfermedad y socialmente sancionada durante siglos. Y aún hoy. En países islámicos como Argelia, Libia, o Iraq la homosexualidad es condenada con multa, azotes o prisión; en Irán incluso con la pena de muerte. La prisión está también presente en países comunistas o excomunistas como Rumanía, Serbia y China y Cuba hace muy poco tiempo que la ha despenalizado. En países católicos y protestantes como Ecuador y Chile sigue vigente también la prisión y caso curioso es el de Perú, que reserva esta pena exclusivamente para gays militares.   España por su parte incluía a personas homosexuales dentro de la categoría de “vagos y maleantes” en el código penal no hace más de 35 años, cuando la dictadura de Franco.

Buscar las causas de esta homofobia es tarea difícil, aunque los cimientos quizás puedan estar en el establecimiento del patriarcado y su gran aliada: la religión monoteísta.

Si tomamos en cuenta los resultados de un estudio realizado en la Universidad de Salamanca la homofobia social vendría determinada por mecanismos psicológicos para el fortalecimiento de la autoestima a través de la estigmatización de minorías así como de la culpabilización de éstas por los problemas sociales. Además de lo anterior sería también una respuesta adaptativa, hasta cierto punto saludable, ante lo desconocido. Éste provocaría miedo y la respuesta ante el miedo sería el rechazo.

Además del miedo a lo desconocido juega también un importante papel el miedo a la enfermedad pues desde el descubrimiento del VIH y su manifestación sintomática, el SIDA, hasta hace poco tiempo la transmisión de esta enfermedad ha sido atribuida a las personas homosexuales, especialmente los hombres (además de a las drogadictas). La falta de una educación sexual correcta y de una información veraz al respecto ha permitido, incluso fomentado, el mantenimiento de estos falsos prejuicios y por tanto, del rechazo a esta población.

Y de otro lado se esgrime que, a título individual, la homofobia puede ser una estrategia defensiva para evitar la ansiedad generada por los propios conflictos en relación con una posible homosexualidad latente.

Según este estudio las personas heterosexuales que manifiestan actitudes homofóbicas o prejuicios ante personas homosexuales son aquellas que tienden a

Expresar actitudes restrictivas y tradicionales hacia los roles de género

Percibir que sus pares manifiestan también actitudes negativas

Haber tenido menos contactos con personas homosexuales

Ser personas de mayor edad y menor nivel educativo

Haber residido en áreas donde las actitudes negativas representa la norma

Tener fuertes creencias religiosas y una ideología conservadora

Ser personas autoritarias

Asimismo, siempre según este estudio, entre estas personas son mayoría hombres y sería interesante plantearse e indagar sobre las causas de estas diferencias teniendo en cuenta esta variable sexo, quizá pueda ser objeto de otra monografía. 

Ahora bien y más allá de los objetivos de este estudio, nos planteamos cuáles son las bases del patriarcado que han jugado y juegan un papel en la discriminación histórica de las mujeres. El punto de partida es reconocer cómo la división de los seres humanos en dos sexos de manera natural ha conllevado a la atribución de unas determinadas características, expectativas y valores diferentes para cada uno creando, en términos de Fina Sanz una subcultura femenina y otra masculina. La segunda clave está en haber atribuido diferente valor y poder a cada uno, beneficiando a los hombres. Y como tercer punto, haber dividido los espacios de la vida en el ámbito privado, destinado a las mujeres y en el ámbito público, para los hombres. Poco se sabe de los orígenes o causas de esta profunda división sexual del mundo en dicotomías contrarias, aunque se ha argumentado por ejemplo, el mayor apego a la biología y a la naturaleza de las mujeres, por su cualidad de engendrar y la mayor facilidad de los hombres de ausentarse del hogar, una vez los seres humanos se hicieron sedentarios. También se teoriza acerca del hecho de que cuando los seres humanos comenzaron a acumular riquezas, los hombres determinaron aislar a las mujeres para garantizar que la herencia iría destinada a la propia prole y no la de otros. Si bien estas ideas pueden ser parte de la explicación, no es razón suficiente para justificar el por qué de esta relación tan fuerte de poder-sumisión.

Lo que sí está bien documentado es que el que los hombres fueran los encargados de explorar y buscar el alimento abrió las puertas a éstos para el desarrollo de conocimientos relacionados con la naturaleza. A partir de ahí a lo largo de los siglos, el desarrollo de inventos, la creación de un cuerpo de conocimiento científico, la creación artística y por supuesto el gobierno del poder estuvo casi exclusivamente en manos de los hombres.

Y aunque muchas mujeres consiguieron entrar en estos terrenos “de hombres” se hicieron muchos esfuerzos por argumentar científica y religiosamente la inferioridad de las mujeres, lo que las relegó a perpetuarse en el hogar, alejadas de toda cultura. Son conocidas algunas sentencias al respecto:

ROMA CLÁSICA: “Consentid que las mujeres sean vuestras iguales, y en el acto serán vuestras superiores” (Marco Poncio, el Censor, 243-149 a JC), “La mujer es un mal necesario” (Aulo Gelio, siglo II)

EDAD MEDIA: “Como individuo, la mujer es un ser endeble y defectuoso”,  “La mujer está sujeta a las leyes de la naturaleza, y es esclava por las leyes de las circunstancias. La mujer está sujeta al hombre por su debilidad física y mental” (Santo Tomás de Aquino, siglo XIII)

SIGLOS XVI-XVII:  “Las mujeres tienen en el cerebro una célula de menos, y en el corazón una fibra de más” (Nicholas Chamfort, siglo XVIII)

SIGLO XIX: “Cuando trates con una mujer no olvides el látigo” (Friedrich Nietzsche), “Las mujeres nunca tienen nada que decir, pero lo hacen de una forma encantadora” (Oscar Wilde)

SIGLO XX: “Cuando me hablan de una mujer cultivada, me la imagino con perejil en los oídos” (Sacha Guitry),

“La naturaleza ha preparado mejor a las mujeres para ser madres y esposas que a los padres para ser padres y maridos. Los hombres tienen que improvisar” (Theodor Reik)

El hecho de que la sociedad estableciera como modelo de sostenibilidad el marcado por la heterosexualidad, imprescindible para la procreación y, por tanto, para la conservación de la especie fue quizá el elemento fundamental para que las mujeres, recluidas en el aislamiento del hogar tuvieran, y aún hoy, menos oportunidades para el acceso a los recursos y sobre todo, para su organización social como mujeres.

A esta forma de organización del mundo contribuyó la aparición de las religiones monoteístas, y en el mundo occidental especialmente la de tradición judeocristiana. Para la moral religiosa todo acto sexual ha de estar ligado a la procreación, de modo que la única posibilidad de relaciones sexuales es el coito hombre-mujer y todo lo que queda fuera de esto es contranatura. En Occidente la Iglesia ha ostentado siglos de enorme poder económico y político, pero también ideológico fuera de los márgenes de la fe, puesto que dominaron el mundo de la ciencia y del conocimiento, buscando en estos campos pruebas acordes a sus postulados “naturalistas”.

El modelo heterosexual “natural” asimismo reproduce el modelo social de dominio-sumisión en las relaciones sexuales, atribuyendo al hombre la actividad, penetración y deseo y a las mujeres la pasividad, el reclamo y la apertura.      

Es un hecho constatable que la completa ignorancia desde la moral y la ciencia de la mujer como ser sexuado, dotado de capacidad para el placer y deseo del mismo, ha hecho que se desconozcan durante mucho tiempo las especificidades de la sexualidad femenina incluso no hayan podido concebirse relaciones lésbicas por la ausencia de falo con el que penetrar. Con estas premisas mujeres con clítoris excesivamente grandes eran mutiladas en la Europa medieval, pues actuaban como varón, penetrando a las mujeres. Cuando el deseo era descubierto en mujeres se trataba de una posesión demoníaca o de brujería o lesbianismo, por lo que estas mujeres eran quemadas en la hoguera.  Aún hoy, estudios como el citado desarrollado en Salamanca encuentran diferencias entre mujeres y hombres homosexuales a la hora de enfrentarse a la sociedad. Mientras ellos reivindican que la imagen de sí mismos deje de ser estereotipada y negativa, ellas reclaman que se sepa que existen, y que deje de creerse que en cuanto puedan se harán heterosexuales. Y es esta la razón mayoritaria por la que dejan de ocultar su lesbianismo.

Una de las grandes desigualdades más actuales entre mujeres y hombres homosexuales viene a causa de la existencia del movimiento feminista. Una batalla que, por el momento, es muy minoritaria entre los hombres sea cual sea su orientación del deseo. Y es que desde que las feministas comenzaron a tomar conciencia de sí y como grupo político, la crítica más feroz a éstas ha sido la de calificarlas como machorras, lesbianas, marimachos, con las connotaciones subsiguientes de querer ser como un hombre, querer eliminar a los hombres de la faz de la tierra y tener envidia del pene. Es por esto que si la mujer feminista debe lidiar con estas absurdas acusaciones sin sentido proclamando su heterosexualidad y su ideología, la mujer lesbiana, se considere o no feminista, ha de luchar contra la doble discriminación de ser mujer en una sociedad patriarcal y de ser lesbiana, es decir, machorra, con complejo del pene.  En cambio aunque la homofobia hacia los hombres homosexuales tenga ejemplos como mujerzuela o maricón, sus reivindicaciones como varones están específicamente relacionadas con su sexualidad, como colectivo, no como grupo humano discriminado que representa a la mitad de la población.

Uno de los responsables de esta confusión entre feminismo y lesbianismo es Freud, creador del psicoanálisis. Según él, la niña se siente primero seducida por la madre, y ha de superar este primer enamoramiento orientando su deseo hacia el padre. En este cambio de orientación la niña corría el riesgo de no resolverlo satisfactoriamente y quedar fijada en el complejo del pene, masculinizada, muy viril y teniendo a las mujeres como objeto de deseo. Freud mismo reconoció que su teoría no era del todo válida con las mujeres, así como que su teorización al respecto fue por analogía con el hombre, no desde una investigación específica con ellas.

Sea como fuere al describir uno de sus casos de lesbianas como modelo de invertida afirma que “en efecto, era una feminista; le parecía injusto que las chicas no pudiesen gozar de la misma libertad que los muchachos y se rebelaba contra el destino de las mujeres en general” facilitando así la asimilación de que toda feminista, que quiere el poder del hombre, es lesbiana.

Es su seguidor Adler, el que hace una distinción quizá certera para algunas lesbianas feministas. Separa la homosexualidad femenina de la masculina y partiendo del reconocimiento de una situación de desventaja de las mujeres en su rol social y sexual sostiene que su homosexualidad es una protesta ante esta discriminación. El lesbianismo es así un medio feminista, y no la causa o la enfermedad del feminismo.

Alejándonos específicamente de Freud, el modelo sexual imperante identifica claramente, en función de los roles de género, que en las relaciones sexuales, la persona encargada de dar placer es el hombre, con su pene y sus artes, ejerciendo el papel de dominador. Y la persona destinada a recibirlo como objeto pasivo, la mujer, en su papel de sometida. Partiendo de este modelo es claro que será más concebible la homosexualidad masculina, que puede jugar a un intercambio de roles y posee el elemento productor de placer: el pene, que el lesbianismo, donde desaparece el rol activo, proveedor de placer y el pene, y no puede darse el papel de dominadora, puesto que las mujeres son sometidas siempre. 

Si la única forma de supervivencia de las mujeres era el matrimonio o la iglesia, es una realidad que esta reclusión y discriminación histórica supera los límites del acceso al conocimiento y a los recursos negados a las mujeres, condenándolas a una ausencia de relaciones sociales y una sobrecarga emocional y horaria en el cuidado de hijas e hijos y marido, imposibilitando su libertad y por tanto el desarrollo de lazos con mujeres que permitieran una conciencia de grupo así como el posible desarrollo de relaciones homosexuales con otras mujeres.

Algo que por ejemplo, pudiera verse facilitado, irónicamente, entre las mujeres de los harenes islámicos, aunque por las características de su cultura y religión pueda parecer poco plausible.

Otra de las razones de esta doble discriminación se encuentra en la Historia. Con relativa facilidad es posible rastrear la vida sexual de hombres destacados por algún hecho: la literatura, la política, la ciencia, el deporte… Resulta fácil porque han sido nombrados para su recuerdo, y estudiadas y escritas sus biografías, desde las que se puede deducir (que no comprobar, puesto que las relaciones sexuales ocurren en la intimidad, no se ven, ni dejan huela, salvo testimonios escritos por sus protagonistas) su orientación sexual. En cambio ¿dónde están las lesbianas? Elaborar un rastreo histórico de ellas es poco menos que imposible: si las mujeres, independientemente de su orientación y prácticas sexuales han sido ocultadas, no nombradas a lo largo de la Historia, es tarea ardua desenterrar las biografías de las que fueron y no están, para conocer su orientación sexual.  Una historia escrita por hombres en un patriarcado para el que la sexualidad femenina no existe o no cuenta, no ha contemplado jamás a las mujeres. ¿Es que las lesbianas han empezado a existir a partir del siglo XX? Es obvio que han existido siempre, como siempre ha habido homosexuales y ha habido exploraciones y experiencias diversas en el terreno de lo sexual. Es también un hecho que hasta hace muy poco tiempo el casi único destino de las mujeres, para sobrevivir, era el matrimonio o la iglesia, de modo que la sexualidad manifiesta era en exclusiva heterosexual, a diferencia de los hombres que tenían la posibilidad de desarrollarse, casados o no, al margen del matrimonio como homosexuales, aunque fuera  de un modo oculto.

En el mismo sentido, si es que se tienen datos sobre relaciones intensas y apasionadas entre dos mujeres (ya sea a través de epístolas, o referencias varias) la atribución de puras, castas y faltas de deseo e iniciativa sexual que se ha hecho a las mujeres por el patriarcado hará que se interpreten los datos de un modo asexuado, justificándose como profundos lazos de amistad entre dos mujeres, ya que en ellas se ha socializado la expresión de afectos, se ha permitido el contacto físico entre mujeres, incluso su convivencia íntima sin que ello se considerara como sexual, más aún cuando la excitación y orgasmo femeninos no son tan tangibles o visibles. Los mismos datos por el contrario, en relación a dos hombres, darán como conclusión que tenían una orientación del deseo homosexual, puesto que ellos, por naturaleza, son sexualmente muy activos, incluso viciosos; puesto que ellos, sí pueden mantener relaciones genitales y de penetración, al modo como se entiende la sexualidad de modo mayoritario: genital, de penetración y visible, a través de la erección y la eyaculación. Y todo lo anterior, dada la incompleta definición de homosexualidad como el mantenimiento de relaciones sexuales con personas del mismo sexo (tangible, visible), frente a otras formas de homosexualidad mucho más amplias y correctas.

Como se ha dicho más arriba, además del matrimonio, la iglesia ha sido otra salida histórica de las mujeres. En ella se daba un espacio privilegiado de relación entre mujeres, con acceso a formación y al conocimiento y posiblemente, siempre desde lo invisible, a relaciones lésbicas, como se refleja en algunas epístolas entre monjas (Hildegarda de Bingen y Richardis de Stade), y como se observa en personajes como Son Juana Inés de la Cruz. La renuncia a la libertad es irónicamente una puerta abierta a la misma.

Por último y quizás como salida desesperada, el travestismo entre mujeres ha sido documentado en muchas mujeres que sí han pasado a la historia, entre otras Concepción Arenal (1820 El Ferrol- 1893 Vigo) que asistió como oyente a clases de derecho disfrazada de hombre. Y la idea de travestismo ha sido también muy ligada con el lesbianismo y, cómo no, con el feminismo, aludiendo que se trata de mujeres activas, buscadoras de emociones, hambrientas de conocimiento, fuertes y muy masculinas que, por tanto, quieren ser hombres. En cambio muchas autoras lesbianas argumentan que no es más que el mantenimiento de mitos respecto al lesbianismo puesto que si bien mujeres feministas podrían haberse disfrazado de hombres para entrar en determinados espacios, las lesbianas se exponían a peligros no necesarios para poder relacionarse con mujeres, pues siempre iba a ser más fácil moverse como mujer entre ellas.  El travestismo entre los hombres, en cambio, no deja lugar a dudas pues jamás los hombres han tenido que disfrazarse de mujeres para entrar en determinados espacios.

Aunque lesbianas, el cuerpo sigue siendo objeto.

Una cuestión que además de curiosa da una idea del estado del imaginario colectivo respecto del deseo de las mujeres es el uso que se hace de su cuerpo desde los medios de comunicación. Estamos muy acostumbradas a la cosificación de las mujeres en la publicidad, al uso de nuestro cuerpo como reclamo y a una modernizada actitud femenina de “haz conmigo lo que quieres, que soy muy sexual”. Lo que resulta realmente llamativo es el uso de lesbianas con los mismos objetivos y métodos como reclamo para un público masculino heterosexual. Y así vemos a modelos mujeres en actitudes más que eróticas la una con la otra, películas de pornografía lésbica que se filman por y para hombres heterosexuales, que incluso alimentan sus fantasías de tríos y de seducción de la lesbiana que se vuelve heterosexual ante el falo masculino.

La salud de las lesbianas

La Federación Estatal de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales presentó un estudio en que se manifiesta que  “partiendo del reconocimiento de la salud como un derecho humano fundamental, el informe pone de manifiesto el  desconocimiento de la realidad lésbica y bisexual por parte de los profesionales sanitarios y sus consecuencias. La invisibilidad lésbica y bisexual en la investigación, fruto de la presunción de heterosexualidad, perpetúa una serie de mitos sobre su sexualidad (“las lesbianas son inmunes al VIH”, “la violación cura a las lesbianas”) y una serie de prejuicios que las propias mujeres lesbianas y bisexuales interiorizan, mermando su autoestima. Todo ello, sumado a las malas experiencias (el 44,38% de las lesbianas francesas afirman haber sufrido lesbofobia en la consulta ginecológica), fomenta el miedo a hacer visible la orientación sexual (mientras el 69,3% de las lesbianas italianas admite que es muy importante que el ginecólogo esté informado de su orientación sexual, sólo el 23,5% de ellas se lo ha comunicado) y promueve que las mujeres lesbianas y bisexuales se sientan excluidas del sistema de salud y no acudan a las consultas con la frecuencia debida.

En la mayorí­a de los paí­ses la situación es más grave a consecuencia del control machista ejercido sobre el cuerpo de las mujeres, quienes sufren violencia continuada, matrimonios forzados y falta de autodeterminación. El caso de Sudáfrica es un ejemplo, donde el 10% de las lesbianas negras han sufrido agresiones sexuales durante el periodo 2002-2003, aunque el informe desprende que hay razones para pensar que 1 de cada 3 lesbianas negras ha sido violada antes de los 25 años, en muchos casos con fines supuestamente curativos”.

Esta invisibilidad en el sistema médico y sobre todo ginecológico es un reflejo más de la invisibilidad social. A este respecto algunas autoras afirman que las lesbianas tienen mayores dificultades para mantener una autoestima positiva ya que la conjugación de su invisibilidad junto a una socialización diferencial que pone el control de la propia estima de las mujeres en terceras personas hace que las fuentes de refuerzo de la misma sean muy escasas, y requiera de un mayor trabajo de autoreconocimiento de las lesbianas para desarrollar una autoestima controlada por criterios ajenos a los refuerzos sociales.

MADRES Y LESBIANAS

La maternidad lesbiana ha sido también muy desconocida o invisibilizada hasta hace poco tiempo y se carece de elevada investigación al respecto. La posibilidad de las mujeres de tener hijas e hijos biológicos sólo con una donación de semen ha facilitado, frente a la población gay, el acceso a la maternidad. Es evidente que hablamos de maternidad en solitario a nivel de derechos, independientemente de que podamos referirnos a dos madres de hecho. Son muchos los argumentos, desde nuestro punto de vista, a favor del acceso a la maternidad por parte de parejas homosexuales, como muchas han sido las razones argüidas desde contextos conservadores para proscribirla. 

Sea como fuere, los estudios hasta ahora publicados no suelen hacer distinción entre homoparentalidad lesbiana o gay, aunque la primera es mucho más numerosa, pero consideramos de interés reflejar aquí algunas de las conclusiones del estudio más cercano, el del Colegio Oficial de Psicología de Madrid y el Departamento de Psicología Evolutiva de la Universidad de Sevilla liderado por Mª del Mar González.  Principalmente en lo que concierne a hijas e hijos de estas familias, por el debate tan abierto sobre su ajuste emocional, integración social y orientación sexual (si bien esto último nos resulta irrelevante). Sus resultados además coinciden con los de la mayoría de estudios al respecto

En el estudio el 75% de las familias eran homomarentales y el resto homoparentales; hijas e hijos estaban alrededor del 50% cada sexo. El desarrollo psicosocial de niñas y niños de la muestra adquieren niveles cognitivos, de habilidades y competencias sociales, de relación con otras chicas y chicos y personas adultas y de identidad sexual que son totalmente equiparables con su iguales en edad que se educan y desarrollan en familias de corte heterosexual convencional. El trabajo aporta además dos conclusiones en las que había una pequeña diferencia, aunque no significativa estadísticamente: Los hijos e hijas de parejas homoparentales mostraban una mayor tolerancia a la hora de aceptar vivencias sexuales diferenciadas (en concreto hacia la homosexualidad) y mostraban una mayor flexibilidad en la relación entre tareas del hogar y roles sexuales, ambos muy interesantes de cara a la educación en igualdad entre mujeres y hombres así como modelo de tolerancia y respeto.

VISIBILIZANDO EL LESBIANISMO

Entendemos que sería posible durante muchas páginas seguir reflexionando sobre los caminos comunes del feminismo y el lesbianismo marcados por la sociedad patriarcal así como de las diferencias entre ambos. En cambio consideramos interesante, una vez apuntadas algunas ideas, mostrar aquí herramientas y datos útiles para desmitificar y desprejuiciar el colectivo de mujeres lesbianas. Por ello he aquí una pequeña lista de obras literarias, páginas web, películas de cine y mujeres lesbianas célebres que invitan a quien quiera profundizar o utilizar las mismas como herramientas educativas.

Un libro: La insensata geometría del amor se considera la mejor novela contemporánea de temática lésbica en lengua castellana. Es de Susana Guzner.

Una película: Fucking Amal, sobre la historia de amor adolescente entre dos muchachas, dirigida por Lukas Moodysson en 1998.   
     

En Internet:

  • Ciudad de Mujeres. Página con artículos de opinión, información sobre eventos, femipedia, desde una perspectiva feminista inclusiva. http://www.ciudaddemujeres.com
  • Aldarte, Centro de atención a gays, lesbianas y transexuales, Centro de estudios y documentación por las libertades sexuales http://www.aldarte.org
  • Colectiva Lésbica Feminista,  Un espacio de reflexión y expresión a través de la letra lesbiana. Con fotografías, escritos, música y documentación http://colectivamoiras.blogspot.com

 

  • Federación Estatal De Lesbianas, Gays, Bisexuales Y Transexuales.  Con un apartado específico de políticas lésbicas. http://www.felgt.org/


En el mundo:

Un hecho constatado y apuntado más arriba es la sistemática ausencia de las mujeres en la Historia. Su invisibilidad no significa que no estén, sino que estaban haciéndose pasar por hombres o a la sombra de éstos. Tómese como ejemplo el caso de Zenobia Camprubí, hoy desenterrada tras la figura de Juan Ramón Jiménez. Para dar luz y desterrar estereotipos nada mejor que una dosis de conocimiento, por lo que apuntamos aquí a algunas mujeres célebres que además, podían haber sido o son lesbianas, desde un punto de vista amplio, completamente alejado de la encorsetada idea de “relaciones sexuales entre mujeres”. Quizá pueda ayudar a normalizar un poco más a este colectivo.

SOR JUANA INÉS DE LA CRUZ (1651-1695)

Hija de padre vasco y madre mexicana, Juana Inés de Asbaje y Ramírez de Santillana nació en 12 de noviembre de 1651 en San Miguel de Nepantla, Amecameca. Se crió con su abuelo materno, que tenía una gran biblioteca con muchos libros clásicos entre los que Juana adoraba pasar el tiempo. Su genio se manifestó desde temprana edad: habiendo estudiado apenas las primeras letras en Amecameca, a los tres años ya sabía leer, a los siete pedía que la mandaran a estudiar a la Universidad y a los ocho escribió una loa para la fiesta de Corpus. Cuando trabajó en la Corte, a los 16 años, fue considerada una niña prodigio. Aunque se la conoce principalmente por su obra literaria, Juana escribía sólo para mantenerse económicamente. Lo que realmente le apasionaba era el aprendizaje y el debate.

GRETA GARBO

Greta Garbo nació en Estocolmo (Suecia) en septiembre de 1905. Cuando Greta tenía 14 años su padre murió y se vio obligada a dejar la escuela y trabajar en variados oficios.

Desde 1922 a 1924 estudió en el prestigioso Royal Dramatic Theatre en Estocolmo. En esa época conoció al director Mauritz Stiller, quien la instruyó en actuación cinematográfica y la incluyó en el reparto de la película Gösta Berlings Saga en 1924. Con Stiller viajó a Estados Unidos a trabajar para la Metro-Goldwyng-Mayer. Los siguientes años actuó en The Torrent, Flesh and the Devil y Love, todas películas mudas. Su prestigio es hoy reconocido.

 

MARLENE DIETRICH

Esta actriz y cantante nació en Berlín (Alemania) el 27 de diciembre de 1901. Su verdadero nombre era Marie Magdalena Dietrich von Losch. Desde temprana edad demostró aptitudes para la música y el canto. Su debut fue a los 16 años, como violinista vestida de hombre antes de entrar a estudiar teatro en 1921.

A los 23 años se casó con Rudolf Sieber, un asistente de director, del que nunca se divorció y con el que tenía una “relación abierta”. De este matrimonio tuvo una hija llamada María.

Se cree que en 1925 conoció a Greta Garbo en El Cabaret del Ratón Blanco. Pero ambas actrices negaban tal hecho. La periodista norteamericana Diana McLellan, en su libro “Greta y Marlene. Safo va a Hollywood” asegura que ambas tuvieron una relación y que Marlene inició a Greta en el lesbianismo.

CHAVELA VARGAS

Chavela Vargas nació el 17 de abril de 1919 en Costa Rica. A sus catorce años viajó a México, país donde podría comenzar una carrera musical. Por muchos años cantó en las calles e hizo diferentes trabajos para mantenerse, y con treinta años se convirtió en cantante profesional. Su primer álbum salió en 1961 y después vinieron más de ochenta álbumes de su autoría. Vargas cantaba rancheras, que tradicionalmente son escritas para ser cantadas por hombres y hacia mujeres. Con interpretaciones melodramáticas, Vargas, vestida de hombre, fumaba cigarros, bebía mucho, portaba un arma y jugaba a seducir a las mujeres de la audiencia. Su comportamiento le trajo mala fama, porque trasgredía muchos tabús de la cultura mexicana.

GABRIELA MISTRAL

Poetisa, diplomática y pedagoga chilena (1889-1957) Gabriela Mistral destacó de forma especial en la literatura, por cuya disciplina fue la primera mujer (y la primera persona latinoamericana) que ganó el Premio Nobel, en 1945.  Su vida fue errante, entre Chile, México, Estados Unidos y Europa. Fue Doctora Honoris Causa en muchas Universidades de diversos países. Entre sus obras [Sonetos de la Muerte (1914), Desolación (1922), Lecturas para mujeres (1923), Nubes blancas y breve descripción de Chile (1934), Tala (1938), Antología (1941), Lagar (1954), Recados contando a Chile (1957), Poema de Chile (1967, edición póstuma)] Ternura, de 1924  es un tipo de poesía escolar que renueva los géneros de poesía infantil.

HEATHER BISHOP

La cantante canadiense HEATHER BISHOP participa en la comunidad de música folk desde los años 60. En 1976 fundó la compañía disquera Mother of Pearl. En 1982 grabó su primer disco de música infantil, Belly Button: A Collection of Songs for Children.

Desde entonces ha participado en numerosos festivales musicales infantiles de Canadá. En 1990 obtuvo el Parent’s Choice Gold Award por su tercer disco infantil, A Duck in New York City.

Bishop es también una activista que apoya causas como los derechos LGBT, el medio ambiente, la seguridad infantil y los derechos animales. En 2005 fue nombrada miembro de la Orden de Canadá.

SHAW nació como FIONA MARY WILSON el 10 de julio de 1958 en County Cork, Irlanda. Estudió en la Royal Academy of Dramatic Art (RADA) de Londres. Y aunque desde el principio demostró tener una gran habilidad para la comedia, la actriz prefiere optar por papeles de mayor intensidad emocional, con los cuales ha recibido numerosos premios.

Shaw actúa regularmente en el teatro londinense, y es considerada cono una de las mejores actrices clásicas de su generación. También ha trabajado para el cine y la televisión, donde probablemente su papel más conocido es el de tía Petunia en las películas de Harry Potter.

MARTINA ŠUBERTOVÁ

Nació el 18 de octubre del año 1956 en Checoslovaquia. Sus padres se divorciaron cuando tenía tres años, y en 1962 su madre se casó con Miroslav Navrátil, que sería el primer entrenador de tenis de Martina. Ella tomó el apellido de su padrastro (más el sufijo femenino “ová”), quedando como Martina Navrátilová.

En 1972, a los 15 años, ganó el Campeonato Nacional de Tenis de la República Checa. En 1973, a los 16, se hizo tenista profesional. Su primera victoria como profesional la obtuvo en 1974, en Orlando, Florida a los 17 años. Ha sido una de las mejores jugadoras de tenis mundiales.

INMACULADA CONCEPCIÓN MARTÍNEZ BERNÁT

La tenista aragonesa, más conocida como Conchita Matínez nació el 16 de abril de 1972 en Monzón, Huesca. Comenzó a jugar al tenis a los nueve años, y a los diez ya ganaba títulos nacionales en categorías inferiores.

Debutó como tenista profesional en 1988 y en 1992 obtuvo su primera medalla de plata en dobles con Arantxa Sánchez Vicario en las Olimpiadas de Barcelona. En el año 1993 alcanzó por primera vez las semifinales de Wimbledon y ganó el Abierto de Roma. En el año 1994, Conchita Martínez se convertiría en la única tenista española en ganar el torneo de Wimbledon, derrotando a Martina Navratilova en la final. La jugadora española alcanzaría la última ronda de un torneo de grand slam otras dos veces, en Australia y en Roland Garros. En el año 1995 se convirtió en la número 2 mundial de la WTA. En el año 1996 gana de nuevo el Abierto de Roma, convirtiéndose en la única tenista que gana cuatro años consecutivos este torneo.

ZULEMA GRIFFIN

Comenzó su carrera como modelo en la agencia Ford. Mientras se dedicaba a ir a audiciones de día, de noche trabajaba como anfitriona en los restaurantes de New York City’s choice, donde iba vestida con sus propios diseños. Un día, uno de los clientes quedó impresionado por el vestido que llevaba puesto. Era un director que buscaba gente para su departamento de vestuario.

En junio de 2001 dirigió exitosamente el departamento de vestuario de la película “Love Thy Neighbor”, dirigida por Nick Gregory. El director de fotografía quedó impresionado por el talento de Zulema y la recomendó para la película “The Beatle Fan”, en la que diseñó los trajes. Griffin ha trabajado con muchos actores y actrices.

 

KANAKO OTSUJI

Nació el 16 de diciembre de 1974 en Nara. Fue campeona de Karate mientras cursaba el liceo (preparatoria). Después de tener varios trabajos entró a la universidad a estudiar coreano y Tae Kwon Do con la esperanza de competir en las Olimpiadas de Sydney en el 2000, pero no logró entrar al equipo nacional. Su interés en la política comenzó cuando entró a la Universidad Doshisha en Kyoto.

En el 2003 fue elegida miembra de la Asamblea de Prefectura de Osaka, Japón, convirtiéndose en la persona más joven en ser electa en la Prefectura de Osaka y una de las seis mujeres en la asamblea de ciento diez miembros.

 

AMANDA LEE RODGERS

Bajo el nombre de AMANDA LEE RODGERS, esta actriz australiana nació el 31 de enero de 1973 en Geelong, Victoria. Estudió derecho en la Universidad de Melbourne, pero abandonó la carrera para trabajar como modelo y debutar en el cine con “Sirenas”, en 1994.

Trabajó en varias series y películas hasta que en 1998 con el papel de Nelle Porter en Ally McBeal ganó popularidad internacional. Desde 2004, de Rossi ha ocupado el papel de Lindsay Fünke, en la serie Arrested Development, la cual ya lleva tres temporadas al aire.

Entre 1996 y 1999, Portia estuvo casada con Mel Metcalfe y luego, desde 2000, fue pareja de Francesca Gregorini durante cuatro años. En diciembre de 2004, de Rossi hizo público su lesbianismo y su reciente relación con la actriz Ellen DeGeneres.

EPÍLOGO

No queremos dejar de incluir aquí un artículo que, navegando por la red, ha caído en mis manos. Por lo interesante de la reflexión y por las consecuencias psicológicas de las que habla, pues en muy pocas palabras aporta, desde nuestro punto de vista, una radiografía de los mecanismos de socialización que limitan a las mujeres.

Visibilidad y lesbianismo

"El lesbianismo es menos conocido, menos estudiado y se le sigue dando menos importancia que a la homosexualidad masculina. Este hecho lleva en muchos casos a pensar que es más fácil ser lesbiana que gay, porque de alguna manera lo que no se conoce, no existe y pasa más desapercibido; sin embargo, por esto mismo muchas lesbianas se ven empujadas a hacer de su orientación sexual una práctica más oculta, a vivirlo en secreto o de forma más privada que los gays"

Por Aldarte.org

Uno de los principales problemas a los que se enfrenta la mujer lesbiana, es el de su no existencia como tal. El ocultamiento y la no existencia son pautas que han marcado el mundo homoerótico femenino a lo largo de la historia Hasta donde somos capaces de entrar en la historia, ésta revela que ha existido un espeso silencio en torno al lesbianismo: es complicado y difícil encontrar datos y casos historiados sobre relaciones amorosas entre mujeres.

Históricamente, costó mucho admitir que las mujeres pudieran sentirse realmente atraídas por otras mujeres. Lo normal era considerar que nada en una mujer podría despertar los deseos sexuales de otra. Y así, tanto en el derecho, como en la medicina y en la opinión pública en general, se ignoraron las relaciones sexuales entre mujeres, algo que no ocurrió con las relaciones sexuales entre hombres. Por citar un ejemplo: entre los cientos de casos de homosexualidad juzgados por tribunales laicos y eclesiásticos en la Edad media y en la Modernidad no se encuentran casi ninguno concerniente a relaciones sexuales entre mujeres. Como cuentan algunas historiadoras, no deja de ser curioso que se borrara de la conciencia colectiva un aspecto significativo de la sexualidad femenina.

Entienden que no fue una cuestión de ignorancia, de falta de conocimiento de la existencia de mujeres lesbianas, sino que se trató, sobretodo, de una cuestión a la que no se quería dar crédito. ¿Qué es lo que ha ocurrido para que históricamente la sociedad occidental haya construido una barrera impenetrable alrededor del lesbianismo? Para contestar a esta cuestión, hay que hacer referencia a una serie de concepciones acerca de la mujer como tal, la sexualidad en su conjunto y la femenina en particular, que han impedido que durante siglos se hable o se debata abiertamente sobre lesbianismo. ¿A qué ideas nos referimos?:

1. La mujer es de naturaleza inferior al hombre: hoy día puede que este pensamiento no se exprese de manera tan cruda, pero eso no quita el que haya provocado estructuras sociales y mentales que relegan a la mujer a un segundo plano respecto al hombre o que consideran que lo femenino no tiene la trascendencia de lo masculino. Así, lo que ocurre entre las mujeres o en su mundo tiene menos importancia y no se concibe como algo serio. En consecuencia, el lesbianismo ha carecido del reconocimiento que ha tenido la homosexualidad masculina. En las raras ocasiones en las que el lesbianismo se nombra en la historia de occidente, era considerado como un aprendizaje, una emulación de la sexualidad masculina, una frivolidad de jóvenes viudas y su práctica se consideraba un acto menos corrupto o grave que los actos homosexuales masculinos por lo que también estaba menos penalizado

2. La sexualidad debe seguir un modelo heterosexual, imponiéndose que sólo es normal que un chico esté con una chica y viceversa. Otras combinaciones como chica con chica o chico con chico serán vistas como anormales.

3. La sexualidad gira en torno al hombre (androcentrismo), el único con derecho a la búsqueda del placer. La capacidad sexual autónoma de la mujer está tan constantemente puesta en entredicho que llega incluso a ser negada. La sexualidad femenina giraría alrededor de la del hombre lo que hace casi impensable la existencia del lesbianismo, ¿cómo una mujer puede sentirse atraída por otra?

4. El pene es lo importante. La famosa frase "¿qué hacen dos lesbianas juntas?" aparte de transmitir un claro prejuicio, resume a la perfección el pensamiento de muchos y muchas: si la relación entre dos mujeres carece de lo importante (el pene), entonces el lesbianismo no es una sexualidad completa; será como mucho el prolegómeno de algo hasta que lo importante aparezca. En menor medida que hace algunos años, todavía hoy estas ideas se combinan para relegar al lesbianismo a la invisibilidad. En la medida en que socialmente no se ha roto con la idea de la sexualidad heterosexual y androcéntrica, las mujeres lesbianas cuando buscan referentes, modelos, todavía se tienen que enfrentar a una imagen excesivamente masculina de la homosexualidad.

El lesbianismo es menos conocido, menos estudiado y se le sigue dando menos importancia que a la homosexualidad masculina Este hecho lleva en muchos casos a pensar que es más fácil ser lesbiana que gay, porque de alguna manera lo que no se conoce, no existe y pasa más desapercibido; sin embargo, por esto mismo muchas lesbianas se ven empujadas a hacer de su orientación sexual una práctica más oculta, a vivirlo en secreto o de forma más privada que los gays.

Fortalecer la autoestima

Todas las personas construimos nuestra sexualidad como respuesta a las definiciones culturales que nos rodean. Las mujeres lesbianas también. La autoestima es el aprecio, la consideración que una persona siente por si misma, condicionada por un conjunto de experiencias y prácticas de vida y está constituida por: Las creencias acerca de una misma. Los pensamientos y los conocimientos. Las dudas y las intuiciones. La interpretación de lo que nos ocurre y lo que hacemos que suceda. Las emociones, los afectos y los deseos. Todavía persisten mecanismos sociales que enfrentan a las mujeres lesbianas a una subvaloración inicial como mujer con los obstáculos que esto acarrea: sentimientos de culpabilidad y deseo de legitimarse. Vivir con un secreto que excluye y provoca soledad. Tener mayores dificultades que los y las demás para hacer de su experiencia sexual algo positivo.  Estos problemas, junto con el estigma y los prejuicios que rodean al lesbianismo, son la causa de que las mujeres lesbianas tengan que hacer un ejercicio muy laborioso para lograr una autoestima equilibrada. Las consecuencias de una baja autoestima son: Limitación de la capacidad de abrirse a los y las demás y por tanto, reducción de la expresión de los deseos en general y de los sexuales en particular. Igualmente, una baja autoestima no propicia la habilidad necesaria para resolver los conflictos cotidianos sin ansiedad, sin actitudes defensivas y sin esos miedos que se van presentado por el hecho de tener una orientación homosexual no del todo asumida. Conformadas como seres "para otros", las mujeres depositan la autoestima en "los otros" y en menor medida en sus capacidades. No es raro, por tanto, encontrar a muchas lesbianas con una baja estima de sí mismas. ¿Cómo se fortalece la autoestima? Al concretar los deseos y hacerlos posibles en libertad. Cuando se promueve el bienestar y se impulsa y mantiene el desarrollo personal. Al transformar las estructuras sociales, familiares e institucionales que tengan presente la diversidad de deseos sexuales y hagan posible desarrollarlos en igualdad de condiciones.

Extraído de Ciudad de Mujeres

BIBLIOGRAFÍA

Gimeno, Beatriz. Historia y análisis político del lesbianismo. La liberación de una generación. Editorial Gedisa, Barcelona, 2005.

González, María del Mar. Dinámicas Familiares, Organización De La Vida Cotidiana Y Desarrollo Infantil Y Adolescente En Familias Homoparentales. Dpto. Psicología Evolutiva y de la Educación Universidad de Sevilla y Colegio Oficial de Psicología de Madrid. 2002.

Jeffreys, Sheila. La herejía lesbiana. Una perspectiva feminista de la revolución sexual lesbiana.  Universidad de Valencia e Instituto de la Mujer. Ediciones Cátedra, Madrid, 1996.

Pedreira Massa, J.L.;  Rodríguez Piedra, R.; Seoane Lago, A. Parentalidad y Homosexualidad. 2006.

Soriano Rubio, Sonia. Cómo se vive la homosexualidad y el lesbianismo. Estudios de sexología. Amarú ediciones. Salamanca, 1999.

 
< Anterior   Siguiente >